Friday, July 31, 2026

Cuando el ejército de Estados Unidos quiso conquistar el desierto a lomos de un dromedario

 

Si pensamos en el Texas del siglo XIX, probablemente nos vienen a la cabeza cowboys, caballos, ganado y grandes extensiones de pradera. Lo que cuesta un poco más imaginar es una caravana de camellos avanzando por los caminos polvorientos del estado. Y, sin embargo, durante unos años, Texas tuvo sus propios “cowboys de camello”.

 

Aunque la historia suele conocerse como la de los “camellos de Texas”, los animales que llegaron al estado eran en realidad dromedarios, es decir, camellos de una sola joroba (Camelus dromedarius). El término “camello” se mantuvo porque así se llamó oficialmente el proyecto del ejército estadounidense, el llamado "U.S. Camel Corps", pero desde el punto de vista zoológico aquellos animales eran dromedarios procedentes de África del Norte y Oriente Próximo.

 

A mediados del siglo XIX, antes de que los ferrocarriles conectaran gran parte del territorio estadounidense, el ejército tenía un problema: transportar suministros por las zonas áridas del oeste era lento, caro y muy complicado. Los caballos y las mulas sufrían con las largas jornadas, la falta de agua y el calor extremo. Alguien tuvo entonces una idea que parecía sacada de una novela de aventuras: ¿por qué no utilizar camellos?

 

El impulsor del proyecto fue el secretario de Guerra estadounidense Jefferson Davis, quien pensó que estos animales, acostumbrados a los desiertos de África y Oriente Próximo, podían convertirse en una solución perfecta para las rutas fronterizas. En 1855, el Congreso aprobó la compra de camellos y el ejército organizó una expedición para traerlos desde Oriente Medio.

 

Los primeros llegaron a Estados Unidos en 1856 a bordo del barco USS Supply, después de un largo viaje desde el Mediterráneo. La expedición desembarcó en Indianola, Texas, y desde allí los animales fueron trasladados hacia el interior del estado. Su destino principal fue Camp Verde, cerca de San Antonio, una instalación militar que se convirtió en la base del llamado U.S. Camel Corps.

 

La llegada de aquellos animales tuvo que ser todo un espectáculo para los habitantes de la zona. Los tejanos estaban acostumbrados a ver caballos, mulas y ganado, pero un grupo de dromedarios caminando por los caminos del Hill Country era algo completamente distinto. Algunos soldados incluso tuvieron que aprender a manejarlos, porque un dromedario no se comporta exactamente como un caballo: tiene su propio carácter, sus propios sonidos y una forma bastante particular de dejar claro cuándo no quiere colaborar.

 

Y lo cierto es que los dromedarios funcionaron bastante bien. Eran capaces de recorrer largas distancias, necesitaban menos agua que otros animales de carga y podían transportar grandes pesos. Durante las pruebas realizadas en Texas y otras zonas del oeste demostraron que podían ser muy útiles para explorar regiones desérticas y transportar provisiones.

 

Pero el experimento tenía un problema: los dromedarios podían ser eficientes, aunque no eran precisamente populares. Muchos soldados preferían trabajar con mulas y caballos, animales que ya conocían y controlaban mejor. Además, el fuerte olor de los dromedarios y sus gruñidos molestaban a otros animales, especialmente a los caballos de las unidades de caballería.

 

La aventura de los dromedarios tejanos duró poco más de un lustro. Aunque las pruebas demostraron que podían ser animales de carga muy eficaces, el proyecto perdió fuerza con la llegada de la Guerra Civil estadounidense en 1861. Camp Verde quedó fuera del control del ejército de la Unión y los dromedarios dejaron de formar parte de los planes militares. En 1864, los ejemplares que quedaban fueron vendidos a particulares y algunos terminaron en espectáculos ambulantes o utilizados para otros fines. Con el tiempo surgieron historias sobre dromedarios que escaparon y sobrevivieron en libertad por distintas zonas del suroeste, alimentando una de esas leyendas del Oeste americano que mezclan historia y ficción.

 

Aunque el experimento duró poco, dejó una huella curiosa en la historia de Texas. Durante unos años, las tierras que hoy asociamos con ranchos y cowboys fueron también territorio de dromedarios militares. Una época extraña en la que, antes de que el automóvil y el ferrocarril cambiaran el oeste americano, el futuro del transporte pudo haber tenido una joroba.

Porque sí: hubo un tiempo en el que Texas tuvo camellos de cuatro patas.

 

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Mr. Blue 

 

Friday, July 24, 2026

Cuando Gracie quiso ser libre

 

 

Antes de convertirse en la jirafa más famosa de Texas, Gracie llevaba una vida bastante tranquila en Cedar Hollow Ranch, una propiedad privada situada en el Texas Hill Country, cerca de Leakey, en el condado de Real, a unos 160 kilómetros al oeste de San Antonio. Allí compartía espacio con otros animales exóticos y con otra jirafa llamada Atlas. El rancho llevaba décadas albergando jirafas, y nadie esperaba que precisamente Gracie fuera a protagonizar una escapada digna de película.

 

La aventura comenzó cuando esta jirafa reticulada, de unos 3 años y alrededor de quinientos cuarenta kilos, consiguió salir de su zona habitual. Según explicó el responsable del rancho, Vick Jones, Gracie habría llegado hasta una zona elevada y rocosa mientras buscaba hojas para comer. Al bajar de esa zona, terminó encontrándose en el lado equivocado de una puerta y acabó fuera del área donde debía estar.

 

Encontrarla no fue nada fácil. Aunque una jirafa parece el animal menos indicado para jugar al escondite, el paisaje del Hill Country de Texas le dio una ventaja inesperada: colinas de piedra caliza, matorrales densos y zonas de difícil acceso. Los equipos de búsqueda utilizaron helicópteros y cámaras para rastrear una enorme extensión de terreno, mientras que el rancho ofreció una recompensa de cinco mil dólares por cualquier información que ayudara a localizarla.

 

Finalmente, el viernes 26 de junio, después de casi dos semanas desaparecida, llegó la buena noticia. Vick Jones la divisó desde un helicóptero aproximadamente a las 7:30 de la mañana. La jirafa estaba a unos cuatro kilómetros al sur de su recinto original, en una zona cercana a un estanque y un arroyo, con suficiente vegetación para alimentarse y agua disponible. Lo que se dice estar en la gloria.

 

Lo más sorprendente fue que Gracie parecía encontrarse en perfecto estado. En lugar de estar agotada o desorientada, había conseguido encontrar un pequeño refugio natural donde pasar los días con todo lo necesario para un alma libre como ella: comida, agua y mucho espacio para moverse. Los equipos prepararon entonces un operativo especial con veterinarios para poder tranquilizarla y trasladarla de vuelta de forma segura.

 

Ese operativo estuvo dirigido por el veterinario Dr. Pat O’Neill, de Pedernales Veterinary Center, junto con un equipo de apoyo formado por personal del rancho, especialistas en manejo de animales grandes y una tripulación de helicóptero. Primero, Gracie fue tranquilizada mediante un dardo lanzado desde el helicóptero. Una vez que la medicación hizo efecto, el equipo se acercó hasta ella para colocarle un cabestro, sujetarla con seguridad y cubrirle los ojos para reducir el estrés durante el traslado.

 

Después llegó la parte más delicada: mover a una jirafa de ese tamaño por una zona rural del Texas Hill Country. El equipo utilizó un remolque especial diseñado para transportar jirafas. Según los responsables del rescate, primero fue necesario llevarla hasta un remolque abierto en la zona donde se encontraba y después trasladarla al vehículo preparado para el viaje de vuelta al rancho.

 

La operación completa duró alrededor de siete horas. El trayecto de regreso no fue una simple ruta por carretera: la zona donde estaba Gracie era remota y parte del terreno no era accesible para vehículos convencionales, por lo que el equipo tuvo que coordinar cuidadosamente cada paso. Finalmente, la joven jirafa regresó a Cedar Hollow Ranch sana y salva, donde volvió a reunirse con Atlas, la jirafa macho del recinto.

 

Después de su aventura por el Hill Country, Gracie quedó temporalmente en una zona controlada mientras el rancho reforzaba las instalaciones para evitar una nueva escapada. Sus cuidadores, eso sí, ya saben que tienen entre manos a una jirafa con bastante iniciativa: la primera capaz de poner a todo un condado de Texas mirando al horizonte en busca de un cuello largo entre los árboles.

Mr. Blue 

Saturday, May 30, 2026

Mapamundi de Texas (XV)

 Algunas veces encuentras señales que hacen

 que lo anglogermánico te llame

 

  y como hay cosas que no se pueden evitar,

 

preparas la montura adecuada

 

y te lanzas a viajar por la Europa de habla bárbara... 

sin salir de Texas.

 

 Llegas al condado de South West England, 

pero no hay costa inglesa.

 

 Así que continúas el caminar 

 

y llegas a Wortham, pero no estás en Suffolk.

 

Y entonces te decides a cambiar de país

porque Alemania también está en Texas, 

 

y te topas con Schulenburg, 

pero no estás en la baja Sajonia.

 

El camino del vacío te pide a gritos que lo camines 

 

 y alcanzas Weimar, 

pero no estás en el estado federado de Turingia.

 

Tienes que seguir haciendo el tonto sin descanso porque

 

para dejar todo atrás la huida es siempre hacia adelante.

 


 

 Sí, ya lo sé... es un algo tejano. No lo entenderías.

 

 
Mr. Blue


 

Saturday, April 04, 2026

Adiós, Zeta Cuatro

 Siguen los tiempos de despedidas.

Zeta Cuatro entró en mi vida el 31 de mayo de 2011, 

tenía 32.540 millas y el equipamiento más alto de su gama.

Compartimos admiración, piropos, velocidad, calle y carreteras...

Pero llegó el momento de hacer que alguien más lo hiciese sentirse especial.

Quince años

y 33.273 millas después

el 23 de marzo de 2026 Zeta Cuatro se fue a vivir a Dallas con la familia Medina.

Gracias por estos años inolvidables.
 
 

 Alguien más va a disfrutar mucho de tus tres litros de motor
 y tu caja de cambios de seis velocidades.
 
Adiós, amigo.
 
 
 Mr. Blue

Saturday, October 11, 2025

Adiós, Viernes.

 


Saturday, September 20, 2025

Dejando ir el ayer. 10/09/2025

Son momentos de dejar ir lo que una vez se amó. No es bueno tener apegos a cosas materiales, dicen; pero, a veces sí lo es. 
Gracias por los buenos momentos, Viernes. Fuiste otro de esos errores caros pero mereciste la pena.

 






Mr. Blue

Tuesday, August 19, 2025

Minutos fotográficos (CCXV): Sólo en Houston (XI)

 





 

Mr. Blue