Mr. Blue
Friday, September 30, 2011
Sunday, September 25, 2011
Radio en el verano de 2011 (II)
Segunda parte del programa titulado "Hartura de amor", en esta ocasión Mónica estaba muy ocupada regresando del Festival de Blues de Cazorla y sólo Adolfo y yo pusimos temas, una fabulosa selección de temas country.
Mr. Blue
Wednesday, September 14, 2011
Mujeres (XI): Elvira
Elvira deseaba haber sido princesa pero le tocó ser plebeya. Sus ojos, como lunas de Venus, y su cuerpo felino le otorgaban una bula natural que creía de corazón, aceptaba y casi proclamaba. Pero Elvira no se sentía princesa, sino cenicero. Sus experiencias laborales habían ido de mal en peor; sus estudios universitarios, lejos de darle una salida triunfante en forma de puesto de funcionaria, la habían hundido en el más absoluto abismo de depresión laboral. Todos sus conocidos habían conseguido trabajar para el estado y llevaban años malgastando sus vidas frente al televisor o bebiendo distintos venenos de cuatro a diez; y la presión popular y familiar hacían que Elvira se consumiese en un inquisitorial fuego lento.Y luego lo otro... el hecho de que se acercaba a la cuarentena y seguía soltera. Con aquellos ojos y aquel cuerpo Elvira era huésped diaria de la pensión de la calle Amargura. En la balanza de la sencillez y la simpleza, el segundo platillo pesaba como una losa, y aquello asustaba a los aún más simples incautos que se le acercaban en las correrías nocturnas de fin de semana.
Elvira no hacía buenas migas con la soledad, lo que le llevó a hacer estupideces kilométricas con la remota esperanza de casarse y formar una familia. Pero nada parecía salir bien, así que el siguiente paso fue marcharse lejos con sólo una maleta que llenó de cosas equivocadas.
Su carácter leonino la llevó a crearse el mismo número de amistades que de enemistades, y su aventura del norte terminó como empezó, con una maleta llena de problemas que se trajo de regreso. Pero ya era demasiado tarde, su frustración había agriado aún más su carácter y ya no se sentía en casa en su propio hogar de siempre. Sus acciones se hundían aún más en el mercado de valores de la frustración: casas compartidas, trabajos mal pagados, exámenes suspensos, hombres que no se comprometían... nada parecía salir bien.
Así que se decidió a lanzarse a su aventura del este, y Elvira, hasta arriba de ilusión, hizo una maleta, sólo una, llena de problemas que se llevó con ella.
Mr. Blue
Monday, September 12, 2011
Friday, September 09, 2011
Radio en el verano de 2011 (I)
Otro año más Adolfo Sánchez me invitó a poner música en su programa Música Cósmica en Onda Latina este verano.
En este, que titulamos "Hartura de amor", Mónica García, Adolfo y yo alternamos canciones que tienen que ver con el cansino sentimiento del amor, ese que te lleva de las estrellas al infierno en segundos.
Gracias, Adolfo, una vez más.
Mr. Blue
Thursday, September 01, 2011
Fotografía móvil (I): Domingo y Ainhoa.
Con la entrada de hoy comienza una serie inspirada por el inerte Zeitzjota y añorante de aquel uso indiscriminado de la cámara del teléfono móvil durante la serie de "Camino a casa".
Fotografía muda, de escasísima calidad pero insinuante y muy dinámica de sacar.
Fotografía muda, de escasísima calidad pero insinuante y muy dinámica de sacar.
Gente decente.
Tuesday, August 23, 2011
Radio en Navidad 2010
En mi accidentado viaje a España en las navidades de 2010 Adolfo Sánchez tuvo la cortesía de dejarme un programa para poner canciones en las que colaboró el saxofonista de Rolling Stones Bobby Keys. Quedan unos cuantos programas en el baúl que espero recuperar en las próximas semanas.
Me queda mucho que aprender en radio, vaya que sí. Gracias Adolfo.
Mr. Blue
Sunday, August 14, 2011
Mujeres (X): Jerry Faye
Había oído que aquel tour de 1972 estaba siendo tremendo. Así que, teniendo en cuenta que iban a parar en Texas, me decidí a pedirle prestada la camioneta a mi padre y acercarme a Fort Worth a verlos, al fin y al cabo sólo eran 320 millas desde mi Penwell, Texas, natal.
Aquellos tipos eran muy buenos aunque en aquel tiempo sólo tenía tres de sus discos 'Get Yer Ya ya's Out!', 'Sticky Fingers' y aquel doble del que pedí dos copias en catálogo de SEARS. Todo por aquella canción, “Tumbin'Dice” que la emisora KHKX, ponía sin parar todos los días.
Madre no estaba muy contenta con la idea, aquellos mariquitas la habían liado bien hacía un par de años en California y tenía miedo por mí. Le pedí a Charlene si quería venir conmigo pero su gente no accedió, qué paletos. Me marché solo...
Nunca me ha dado por las drogas, sólo una cerveza de vez en cuando, Lone Star la mayoría de las veces. La verdad le doy gracias a Dios por ello porque mi mente está clara al recordar aquella semana tan buena.
Alquilé un cuarto barato en el motel El Dorado y fui a comprar la entrada al Tarrant Convention Center. Y fue entonces cuando supe que tocaban dos veces aquel día, así que saqué otra para el segundo show. Tenía un par de días sin nada que hacer antes del concierto y siendo un chico de campo como soy, me decidí a ir a visitar a los Stockyards, un lugar increíble. Le compré a padre un cinturón y a madre una de esas manoplas para el horno que decía “Greetings from Fort Worth, Texas”.
Conocí a una chica llamada Jerry Faye y ¡Caramba! Dios bendito, vaya pedazo de mujer. Todavía me acuerdo de ella, auténtica hembra tejana, lo puedo jurar. Le conté lo del concierto pero ella no conocía a los Stones, ¿Podéis creerlo?
A la mañana siguiente cuando Jerry Faye se marchó fui a desayunar a un restaurante mejicano, pensé en ella, en lo ardiente que había sido y en todo lo que me enseñó. Al acabar llamé a madre y le dije que estaba bien. Después fui a Dallas para ver la ciudad y conduciendo por allí vi como Wyman, Taylor and Watts salían de una limusina y se metían en un edifcio llamado Sumet – Burnet. Cambié de sentido en medio de la calle y resulta que eran unos estudios de grabación. ¡Menuda suerte!
Y el gran día acabó por llegar. Me levanté muy bien a pesar de no haber pegado ojo de la emoción y llegué a la 1.30 aunque el concierto empezaba a las 3.
¡Joer! Aquel pianista negro que decía ser de Houston hizo de telonero, me lo pasé tan bien... no me arrepiento para nada de haber ido a los dos conciertos en el mismo día. Justo después de terminar me marché al hotel. No era tan tarde y por el entusiasmo de los shows no quise estropearlo todo con bebida.
Me levanté algo tarde y después de comer no pude evitar volver a aquel bar y para mi sorpresa Jerry Faye estaba allí. Me dijo que me había estado esperando y aquello me dio mucha alegría.
Por la mañana, otra vez en El Dorado, me despertó de un codazo dicéndome: “¿Qué te parece si nos vamos a Houston y pillamos el concierto de los Rolling Stones?”
Y pensé: “¡Qué demonios! Soy joven, estas cosas hay que hacerlas ahora...”
Así que llamé a madre y le dije que me iba a quedar un par de días más, no le gustó mucho y me dijo que no olvidara ir a la iglesia. Fuimos a tomar un desayuno mejicano, dejamos el hotel y cogimos la 45 sur hacia Houston.
Llegamos al Hofheinz Pavilion y hacía un calor infernal aquel martes. Llegamos al despacho de billetes después de cuatro horas y media de carretera y resulta que no quedaba ni una condenada entrada. No sabía qué hacer, empezaron a llegar momentos de arrepentimiento.
Las mujeres son más listas que los hombres como dice mi madre, chicos. Volví al aparcamiento para coger la camioneta y después recoger a Jerry Faye en la acera. Cuando llegué me dijo que había regalado una sonrisa y un encantador pestañeo a uno de los tipos de seguridad y !Nos iba a dejar entrar gratis! No me lo podía creer, aquella chica era más lista que el hambre y desde luego podía ser persuasiva, no me extraña que el de seguridad nos dejase entrar su sonrisa era deslumbrante y sus ojos tan bellos...
El show fue excelente, muy enérgico, pero me pareció que Keith Richards estaba enfadado con Watts. Jerry Faye se lo estaba pasando de muerte. Me dijo que aquel afeminado británico que cantaba y bailaba era muy atractivo. No dejaba de mirarlo, incluso diría que él se fijó en ella. Cuando Jagger empezó a cantar 'Jumpin' Jack Flash' me agarró la mano tan fuerte que me hizo daño. Después del concierto, fuimos a tomar algo y después a un motel.
Me levanté por la mañana y se había ido. Al prinicpio pensé que estaría en el baño, pero no. Se había ido y se había llevado la camioneta de mi padre con ella. Y me entraron ganas de llorar, no tanto por la camioneta en sí, sino porque no me pude despedir de ella ni decirle que la amaba. Al final la pick up apareció cerca de Dallas, la policía llamó a padre y yo tuve que ir a por ella y conducirla todo el camino en el mismo día como castigo.
Lo siguiente que supe de Jerry Faye era que estaba saliendo con Mick Jagger, que se casaron y que vivían en Europa. No le culpo. Jerry Faye era una pedazo de mujer, una mujer de las que hace que te sientas feliz de ser un hombre. Se acabaron divorciando, pero es comprensible: Jagger no es tejano.
He pensado tantas veces en Jerry Faye desde entonces, tantas veces... Jerry Faye era una pedazo de mujer.
Mr. Blue
Thursday, July 14, 2011
Mujeres (IX): Elizabeth
Elizabeth era profesora, no hacía mucho que había cruzado la frontera de los sesenta y en su vida hubo un antes y un después. Sus días transcurrían lentos, sus alumnos eran de naturaleza especial y eso le hacía tener una penitencia diaria que le venía muy bien para deshacerse poco a poco de los excesos de la tarde anterior. Nada serio, sólo aquella nebulosa grisácea que la anestesiaba hasta las doce del mediodía, momento en el que sentía que volvía a la vida, día tras día.La sensación de despertar le encantaba y, por si fuera poco, para entonces sólo quedaban dos horas y media de clase.
Sus tardes después del trabajo eran largas y de recuerdos, el ritual de cada una de ellas pasaba por ir caminando hasta la licorería y comprar un "fifth" de Moskovskaya. La vuelta a casa significaba abrir aquellos álbumes de fotos con cientos de instantáneas de un pasado tan feliz como prometedor.
Elizabeth era bailarina de ballet, algo inusual en el sitio en el que vivía, y nunca supo si su carrera tenía potencial o no, pero se lo tomó tan en serio que no había ninguna diferencia entre ella y alguna de las grandes; todo era un simple asunto de diferencia de años. Su dieta era muy severa y su actividad física un auténtico castigo, y además renunció a lo que cualquier joven de su época consideraba un bienestar normal.
Y así pasó todos y cada uno de los doce años de sueños hasta que su prima Mavis la invitó a pasar el día en Galveston con unos amigos para celebrar su graduación.
Elizabeth no tenía muchas ganas de ir, algo dentro de ella le hacía ser retraída y seguir con su rutina, esa que no le gustaba que nadie rompiera. Ella no tenía el concepto mental de diversión de aquellas cosas tan triviales para el resto de jóvenes, así que fue realmente su madre la que la animó a ir, por aquello de ser un evento social pero a la vez familiar.
Se levantó temprano, su madre la llevó a casa de Mavis y una vez allí se montó en el Chevy Impala que conducía su primo Jeremy, hermano de Mavis y seis años mayor; un chico que desde niña había tenido un atractivo fascinante para ella. Cinco automóviles salieron juntos en dirección a la costa a las diez de la mañana del dos de junio de mil novecientos sesenta y nueve.
El día era soleado y los jóvenes empezaron a buscarse y perseguirse en juegos por la playa. Elizabeth estaba fuera de lugar pero no le desagradaba lo que, por el momento, se limitaba a ver sentada en su toalla de playa de color blanco. Algunos chicos habían conseguido cerveza e incluso dos de ellos llevaron dos fifths de vodka que habían sacado de la casa de sus padres. Lo mezclaron con Dr. Pepper y ella sintió la obligación de probarlo cuando Mavis le dijo:
- Es delicioso y no te hará nada. ¡Vamos, Lisa! Todos lo estamos tomando y lo estamos pasando en grande, nadie va a decir nada... y ya tienes dieciséis años...
El bebedizo sabía bien y daba una sensación de alegría y de paso del tiempo tan diferente que empezó a sentir cosas tan nuevas como excitantes.
Continuaron las risas, la música que salía de la radio portátil que estaba encima de la toalla de Julia, los baños en el mar, las carreras... Jeremy atrapó a Elizabeth y se puso a hacerle cosquillas encima de otra toalla. Le recorrió un escalofrío tan agradable como terrorífico cuando sintió la fuerza de sus brazos; y, sin quererlo realmente, consiguió zafarse cumpliendo órdenes internas de su marcial orden moral.
Uno de los chicos rompió accidentalmente una botella de vodka vacía y su cadáver cristalino quedó esparcido sobre las piedras de la playa. Nadie se percató. Nadie hasta que Elizabeth se seccionó con él el tendón flexor del primer dedo de su pie derecho al pisarlo cuando corría hacia el agua perseguida por Jeremy.
A pesar de visitar a los mejores especialistas del 'Medical Center' de Houston no hubo solución. Se consiguió que el pie tuviese un aspecto normal e incluso había que prestar mucha atención para poder percatarse de una ligerísima cojera que la acompañó para siempre desde aquel día. Elizabeth siguió con su vida pero nada volvió a ser lo mismo.
Aquella tarde, extrañamente, su atuendo de baile estaba encima de la cama. En lugar de doblarlo y guardarlo se vistió con su tutú y se calzó sus zapatillas de media punta de lona. Por algún motivo que sólo ella sabía estaba convencida de que sería capaz de hacer una pirouette sur le cou-de-pied. Dio un trago largo a su fifth de Moskovskaya, cerró el tapón de metal con fuerza, dejó la botella encima de la mesa, pulsó el botón de play de su lector de CDs y empezó a flotar con la música. Tenía tan claro que lo iba a conseguir que comenzó a sentir el mismo latido que cuando tenía dieciséis años. Hasta que apoyó todo el peso sobre el primer dedo de su pie derecho y cayó inmediatamente al suelo... como todas las tardes, y empezó a llorar.
Sus tardes después del trabajo eran largas y de recuerdos, el ritual de cada una de ellas pasaba por ir caminando hasta la licorería y comprar un "fifth" de Moskovskaya. La vuelta a casa significaba abrir aquellos álbumes de fotos con cientos de instantáneas de un pasado tan feliz como prometedor.
Elizabeth era bailarina de ballet, algo inusual en el sitio en el que vivía, y nunca supo si su carrera tenía potencial o no, pero se lo tomó tan en serio que no había ninguna diferencia entre ella y alguna de las grandes; todo era un simple asunto de diferencia de años. Su dieta era muy severa y su actividad física un auténtico castigo, y además renunció a lo que cualquier joven de su época consideraba un bienestar normal.
Y así pasó todos y cada uno de los doce años de sueños hasta que su prima Mavis la invitó a pasar el día en Galveston con unos amigos para celebrar su graduación.
Elizabeth no tenía muchas ganas de ir, algo dentro de ella le hacía ser retraída y seguir con su rutina, esa que no le gustaba que nadie rompiera. Ella no tenía el concepto mental de diversión de aquellas cosas tan triviales para el resto de jóvenes, así que fue realmente su madre la que la animó a ir, por aquello de ser un evento social pero a la vez familiar.
Se levantó temprano, su madre la llevó a casa de Mavis y una vez allí se montó en el Chevy Impala que conducía su primo Jeremy, hermano de Mavis y seis años mayor; un chico que desde niña había tenido un atractivo fascinante para ella. Cinco automóviles salieron juntos en dirección a la costa a las diez de la mañana del dos de junio de mil novecientos sesenta y nueve.
El día era soleado y los jóvenes empezaron a buscarse y perseguirse en juegos por la playa. Elizabeth estaba fuera de lugar pero no le desagradaba lo que, por el momento, se limitaba a ver sentada en su toalla de playa de color blanco. Algunos chicos habían conseguido cerveza e incluso dos de ellos llevaron dos fifths de vodka que habían sacado de la casa de sus padres. Lo mezclaron con Dr. Pepper y ella sintió la obligación de probarlo cuando Mavis le dijo:
- Es delicioso y no te hará nada. ¡Vamos, Lisa! Todos lo estamos tomando y lo estamos pasando en grande, nadie va a decir nada... y ya tienes dieciséis años...
El bebedizo sabía bien y daba una sensación de alegría y de paso del tiempo tan diferente que empezó a sentir cosas tan nuevas como excitantes.

Continuaron las risas, la música que salía de la radio portátil que estaba encima de la toalla de Julia, los baños en el mar, las carreras... Jeremy atrapó a Elizabeth y se puso a hacerle cosquillas encima de otra toalla. Le recorrió un escalofrío tan agradable como terrorífico cuando sintió la fuerza de sus brazos; y, sin quererlo realmente, consiguió zafarse cumpliendo órdenes internas de su marcial orden moral.
Uno de los chicos rompió accidentalmente una botella de vodka vacía y su cadáver cristalino quedó esparcido sobre las piedras de la playa. Nadie se percató. Nadie hasta que Elizabeth se seccionó con él el tendón flexor del primer dedo de su pie derecho al pisarlo cuando corría hacia el agua perseguida por Jeremy.
A pesar de visitar a los mejores especialistas del 'Medical Center' de Houston no hubo solución. Se consiguió que el pie tuviese un aspecto normal e incluso había que prestar mucha atención para poder percatarse de una ligerísima cojera que la acompañó para siempre desde aquel día. Elizabeth siguió con su vida pero nada volvió a ser lo mismo.
Aquella tarde, extrañamente, su atuendo de baile estaba encima de la cama. En lugar de doblarlo y guardarlo se vistió con su tutú y se calzó sus zapatillas de media punta de lona. Por algún motivo que sólo ella sabía estaba convencida de que sería capaz de hacer una pirouette sur le cou-de-pied. Dio un trago largo a su fifth de Moskovskaya, cerró el tapón de metal con fuerza, dejó la botella encima de la mesa, pulsó el botón de play de su lector de CDs y empezó a flotar con la música. Tenía tan claro que lo iba a conseguir que comenzó a sentir el mismo latido que cuando tenía dieciséis años. Hasta que apoyó todo el peso sobre el primer dedo de su pie derecho y cayó inmediatamente al suelo... como todas las tardes, y empezó a llorar.
Mr. Blue
Saturday, July 02, 2011
Deep in the heart of Texas (XX): El primer día de Acción de Gracias
Juan de Onate partió desde Santa Bárbara, Méjico, en la primavera de 1598 acompañado de cuatrocientos españoles con intención de colonizar Nuevo México. Se quedaron sin agua y sin comida en el desierto de Chihuahua y sobrevivieron alimentándose de vayas, raíces y bebiendo agua de los cactus. Tras cuatro días “a la deriva”, moribundos ya y sin esperanza de vida, fueron encontrados cerca de El Paso por un grupo de indios Mansos que los salvaron de una muerte segura.
Cuando se recuperaron salieron de caza y pesca, prepararon todo y se celebró un banquete común como agradecimiento.
Cuando se recuperaron salieron de caza y pesca, prepararon todo y se celebró un banquete común como agradecimiento.
Mr. Blue
Friday, June 17, 2011
Mujeres (VIII): Felisi
Felisi era holgazana, no podía evitarlo. Había nacido a mediados de los cincuenta en Madrid y no tuvo una infancia fácil. Su madre era muy complicada había en ella un nosequé orensano que le hacía tener reacciones difíciles de entender. Su matrimonio con un tipo que hacía de todo menos trabajar no había ido bien, cuando la niña perdió el contacto son su padre él era boxeador amateur con una carrera con cierto potencial, pero no era más que eso: un don nadie con la nariz partida. Lo último que recordaba de él era que intentaba echar la puerta abajo para verla porque su madre se lo había impedido mientras Felisi gritaba "Papá" una y otra vez.
A Felisi le buscaron varios trabajos: camarera en un café de renombre, aprendiz en una peluquería, dependienta en una boutique... pero todos acababan igual. Felisi prefería lo que pasaba por las noches, lo que a menudo le llevaba a dormir en las escaleras del portal donde vivía su madre, que se hartó de quedar mal con sus conocidos por culpa de su hija.
En un golpe de suerte buscada cerró un negocio que le ayudó durante el resto de su vida, y sin decir nada a nadie, se marchó con Felisi a vivir a una ciudad de provincias con vistas al mar. Pero ya era demasiado tarde.
Felisi estaba embarazada y su querencia por la noche no tardó en hacer que acabara en un club de carretera, y en ese mundo pasó casi dos décadas con dos hijos a cuestas que se criaron con su abuela.
Cosas de la vida, un cliente se enamoró de Felisi y le pidió matrimonio. Sopesó lo bueno y lo malo, no se estaba haciendo joven precisamente, y aceptó. El tipo reconoció a los dos hijos y como siempre hay un roto para un descosido, las cosas iban saliendo adelante a pesar de las mil y una desgracias de una familia de desgraciados. Pero lo que comenzó como una canción de femme fatal de Burning terminó en una copla de ama de casa. Pronto llegó el aburrimiento y Felisi se cansó de no disponer de dinero para sus vicios, y su marido se hartó de no tener la excitación de antaño, cuando nada era igual, y de aquellos niños que ya eran adolescentes alocados.
Ella se buscó un par de clientes mayores y fáciles, y con aquello iba comprando tabaco y otros venenos humeantes de muerte lejana, y la vida era bella durante ratos al fresco de las escaleras mientras hablaba con su vecina, la que no sabía lo que era el placer, antes de acostarse a dormir con el mismo de siempre.
En un golpe de suerte buscada cerró un negocio que le ayudó durante el resto de su vida, y sin decir nada a nadie, se marchó con Felisi a vivir a una ciudad de provincias con vistas al mar. Pero ya era demasiado tarde.
Felisi estaba embarazada y su querencia por la noche no tardó en hacer que acabara en un club de carretera, y en ese mundo pasó casi dos décadas con dos hijos a cuestas que se criaron con su abuela.
Cosas de la vida, un cliente se enamoró de Felisi y le pidió matrimonio. Sopesó lo bueno y lo malo, no se estaba haciendo joven precisamente, y aceptó. El tipo reconoció a los dos hijos y como siempre hay un roto para un descosido, las cosas iban saliendo adelante a pesar de las mil y una desgracias de una familia de desgraciados. Pero lo que comenzó como una canción de femme fatal de Burning terminó en una copla de ama de casa. Pronto llegó el aburrimiento y Felisi se cansó de no disponer de dinero para sus vicios, y su marido se hartó de no tener la excitación de antaño, cuando nada era igual, y de aquellos niños que ya eran adolescentes alocados.
Ella se buscó un par de clientes mayores y fáciles, y con aquello iba comprando tabaco y otros venenos humeantes de muerte lejana, y la vida era bella durante ratos al fresco de las escaleras mientras hablaba con su vecina, la que no sabía lo que era el placer, antes de acostarse a dormir con el mismo de siempre.
Mr. Blue
Tuesday, June 07, 2011
Deep in the heart of Texas (XIX): La Radio (I)
Las primeras emisiones radiofónicas en Texas tuvieron lugar en el campus de la Universidad A&M (Agricultural & Mechanical) en Austin y en College Station, ambas en 1911.
En la primera el catedrático J.B. Dickinson instaló lo necesario para enseñar a los alumnos de ingeniería eléctrica los secretos de las transmisones de radio.
En la primera el catedrático J.B. Dickinson instaló lo necesario para enseñar a los alumnos de ingeniería eléctrica los secretos de las transmisones de radio.
Al mismo tiempo el catedrático S. Leroy Brown experimentaba con radio de alta frecuencia en la Universidad de Texas en College Station. El doctor Brown construyó una emisora en el laboratorio de física y empezó a retransmitir partes meteorológicos e información para granjeros.
Mr. Blue
Wednesday, June 01, 2011
Hallazgos en internet: "Autista y Música"
En esas cadenas interminables de emails que se reenvían, en ocasiones, te encuentras algún que otro tesoro. En el caso de esta entrada le debemos un agradecimiento a Paz.
Dedicado al autista que hay en mi.Mr. Blue
"El nombre de la canción es Dueling banjos (Duelo de banjos) y forma parte de la leyenda en la iconografía del cine.
La secuencia que veréis aparece en la película Deliverance que en España se conoció como "Amarga Pesadilla". El niño que toca el banjo no es actor, es un muchacho autista que vivía en la gasolinera en la que se paró el equipo de filmación, cerca del lugar donde se desarrollaba la película.
Cuando uno de los actores cogió una guitarra y empezó a tocarla cerca del chico, se estableció un increíble diálogo entre los instrumentos, y el autista se expresó acaso de la única forma que deseaba hacerlo. Así surgió espontáneamente esta notable escena que el director Boorman tuvo la feliz idea de no excluir de la película...
Fíjáos en la expresión del chico. Al principio expectante y desconfiado, a medida que crece la intensidad de la la música se va dejando llevar por ella hasta transformar su expresión perdida, en expresión de gozo, de inmenso placer, de alegría rescatada, gracias a ese guitarrista que "pasaba por allí".
¡¡Su sentido del ritmo y su maravillosa técnica es realmente sorprendente!!
El niño crece, brilla, vibra y exhibe su sonrisa escondida entre los pliegues de su deficiencia. Sonrisa maravillosa que la magia de la música hace aflorar al exterior. Después, tras ese momento mágico el chico vuelve dentro de sí dejando esa parte de su belleza eternizada en este film.
Serás testigo de un excelente duelo entre guitarra y banjo que marcó una época en la música y en el cine, fue esporádico, por eso fue bello."
La secuencia que veréis aparece en la película Deliverance que en España se conoció como "Amarga Pesadilla". El niño que toca el banjo no es actor, es un muchacho autista que vivía en la gasolinera en la que se paró el equipo de filmación, cerca del lugar donde se desarrollaba la película.
Cuando uno de los actores cogió una guitarra y empezó a tocarla cerca del chico, se estableció un increíble diálogo entre los instrumentos, y el autista se expresó acaso de la única forma que deseaba hacerlo. Así surgió espontáneamente esta notable escena que el director Boorman tuvo la feliz idea de no excluir de la película...
Fíjáos en la expresión del chico. Al principio expectante y desconfiado, a medida que crece la intensidad de la la música se va dejando llevar por ella hasta transformar su expresión perdida, en expresión de gozo, de inmenso placer, de alegría rescatada, gracias a ese guitarrista que "pasaba por allí".
¡¡Su sentido del ritmo y su maravillosa técnica es realmente sorprendente!!
El niño crece, brilla, vibra y exhibe su sonrisa escondida entre los pliegues de su deficiencia. Sonrisa maravillosa que la magia de la música hace aflorar al exterior. Después, tras ese momento mágico el chico vuelve dentro de sí dejando esa parte de su belleza eternizada en este film.
Serás testigo de un excelente duelo entre guitarra y banjo que marcó una época en la música y en el cine, fue esporádico, por eso fue bello."
Monday, May 30, 2011
Camino a casa: Semana VIII
Llegó el calor que me impide caminar y respirar a la vez. Llegó el final del periplo del caminante a pesar de que aún le quedan cuatro días a este curso escolar. Por suerte siempre tendré la posibilidad de que me lleven y me traigan Alicia, David, Laura o Lio. Gracias por estos días de batalla mañanera.
Lunes 23: Ninguna de estas cosas se pueden hacer legalmente debajo de un puente, el sitio más fresco de todo el camino...Tuesday, May 24, 2011
Camino a casa: Semana VII
Llegó el calor de Houston, indescriptible e incomprensible si no se sufre. A esta sección le queda poco tiempo, llegó la hora de volver a casa sobre cuatro ruedas prestadas.
Monday, May 16, 2011
Camino a casa: Semana VI
La resignación de caminar todos los días se ha convertido en un alegre paseo lleno de ruidos, humos y aceites de motor que ocurren en algo cuyo conocimiento no había en mi existencia: la muy bien denominada, jungla del asfalto. La diferencia entre el ser humano y el animal es que el animal suele ser bastante más inteligente en esto de los temas selváticos.
Sunday, May 15, 2011
Mujeres (VII): Valeria
Valeria tenía veinte años en algún momento de finales de los 80. En aquel tiempo era una devota convencida del rock and roll; no eligió el otro camino, aquél que le hubiera llevado a tener ahora una vida quizá más común y acorde con lo que se esperaba de una mujer de casi cuarenta y cinco.
De adolescente, su pandilla la formaban algunos que se disfrazaban de roqueros -como casi todo el mundo en aquellos años- sólo para proteger sus inseguridades con excusas de identificación y de rebeldía. Después pasaron sus primeros veinte años y las amistades empezaron a cambiar por abandonos; los disfrazados empezaron a encarrilar sus vidas y su nueva pandilla se hizo algo más oscura. Los tipos tenían tatuajes, llevaban navajas y fumaban hachís, y cuando por las noches se acababa el dinero que sus padres les habían dado, algunos
no regresaban a casa.
no regresaban a casa.Aquel mediodía Valeria estaba desnuda enfrente del espejo, mirando el tatuaje que se hizo en la cadera aquel año en que salía con Paco; el año en el que estaba especialmente bonita y se acordó de que en algún cajón estaba la foto que le había sacado. Ahora no se veía tan sexy y le vino a la memoria Tino, el novio que tuvo cuando se separó de la segunda pandilla, el que la conquistó por su autenticidad y que era un poco bruto. El que la usó como una posesión más y no la trató muy bien en algún día de resaca. En ocasiones, todavía podía percibir aquel olor fuerte suyo, mezcla de tabaco, alcohol, cuero y poca agua. Por suerte murió en prisión. Cuánta razón tenía su madre cuando le decía: “Hija, ese chico no te conviene. Mira tu prima Lorena con qué chaval más majo está…”.
Nunca se atrevió a probar las drogas, sólo algún porro de vez en cuando, pero decía que había esnifado alguna vez. Había elegido el “rock and roll”, aunque no sabía por qué.
No evolucionó, y aquéllo le costó la universidad y una vida que no envidiaba porque simplemente se negaba a pensar en ella.
Valeria bebía cerveza del Lidl y no vino caro como su prima Lorena.Nunca se atrevió a probar las drogas, sólo algún porro de vez en cuando, pero decía que había esnifado alguna vez. Había elegido el “rock and roll”, aunque no sabía por qué.
No evolucionó, y aquéllo le costó la universidad y una vida que no envidiaba porque simplemente se negaba a pensar en ella.
Mr. Blue
Tuesday, May 10, 2011
Deep in the heart of Texas (XVII): San Antonio (II)
La veladora de Nuestra Señora de Guadalupe
La veladora de Nuestra Señora de Guadalupe fue creada por el artista de San Antonio Jesse Treviño.
Treviño estudió arte en la ciudad de Nueva York pero la guerra de Vietnam acabó con sus sueños y allí se dejó su mano derecha. El artista era diestro.
La veladora se encuentra en la zona conocida como el Distrito Guadalupe, un área donde el centro de la ciudad (downtown) se convierte en complejos de apartamentos.
Se construyó en 2006 en honor de las víctimas del 11S, mide doce metros de altura y está coronada por una llama eterna.
Mr. Blue
Sunday, May 08, 2011
Camino a casa: Semana V
Se acabó abril y empiezo a depender menos del coche pero más de la gente, no sé qué es mejor. Todo este tiempo ha demostrado que nos hacemos esclavos de la máquina pero sobre todo del oro negro.
Monday, May 02, 2011
Camino a casa: Semana IV
Siguen las caminatas llenas de obstáculos en la ciudad más antipeatonal de las que conozco. Una semana más de depurar responsabilidades y aprender a ser mejor conductor.
Jueves 28: Wild Southwest Houston...
Viernes 29: Barricada policial. Y ahora... ¿Por dónde coño paso?Mr. Blue
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