Monday, May 21, 2007

Adiós Moisés, hola Jesús, o el camino a Damasco y la caída del caballo.

Saulo era un hebreo natural de Tarso defensor a ultranza de la Ley de Moisés, y que formaba parte de la severa secta de los fariseos lo que significaba que era perseguidor y enemigo natural de Cristo. Los fariseos eran los descendientes de los judíos que regresaron del cautiverio de Babilonia, de ese grupo salieron los doctores de la ley, la Tora. Creían en la inmortalidad del alma, en la resurrección de la carne y en los ángeles, eran hombres exaltados y xenófobos, de ahí lo apasionado de la persecución de Saulo que además era un hombre cruel, impetuoso y lleno de arrebatos, lo que le llevó a intervenir de manera activa en la lapidación de San Esteban y poco después a ofrecerse a ir a Damasco a arrestar a todos los discípulos de Jesús. Saulo salió a “perseguir al hijo de Dios”, pero bien poco sabía de lo que en el camino le aguardaba.

Hechos de los Apóstoles, capítulo 9:
Saulo, respirando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas de recomendación para las sinagogas de los judíos de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores de Cristo, los pudiera llevar presos y encadenados a Jerusalén. Y sucedió que yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo; cayó en tierra y oyó una voz que le decía: 'Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?'. El respondió: '¿Quién eres tú Señor?' Y oyó que le decían: 'Yo soy Jesús a quien tú persigues. Pero ahora levántate; entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tendrás que hacer'.
Los que lo acompañaban se detuvieron mudos de espanto, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos no veía nada. Lo llevaron de la mano y lo hicieron entrar en Damasco. Pasó tres días sin comer y sin beber.
Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: '¡Ananías!' Él respondió: 'Aquí estoy Señor' y el Señor le dijo: 'Levántate. Vete a la calle Recta y pregunta en la casa de Judas por uno de Tarso que se llama Saulo; mira: él está en oración y está viendo que un hombre llamado Ananías entra y le coloca las manos sobre la cabeza y le devuelve la vista'.
Respondió Ananías y dijo: 'Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los males que ha causado a tus seguidores en Jerusalén, y que ha venido aquí con poderes de los Sumos Sacerdotes para llevar presos a todos los que creen en tu nombre'.
El Señor le respondió: 'Vete, pues a éste lo he elegido como un instrumento para que lleve mi nombre ante los que no conocen la verdadera religión y ante los gobernantes y ante los hijos de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre'.
Fue Ananías. Entró en la casa. Le colocó sus manos sobre la cabeza y le dijo: 'Hermano Saulo: me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías. Y me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo'. Al instante se le cayeron de los ojos unas escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Tomó alimento y recobró las fuerzas.
Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco y enseguida se puso a predicar en favor de Jesús, en las sinagogas o casas de oración, y decía que Jesús es el Hijo de Dios. Todos los que lo escuchaban quedaban admirados y decían: '¿No es éste el que en Jerusalén perseguía tan violentamente a los que invocaban el nombre de Jesús?' Y '¿No lo habían enviado los Sumos Sacerdotes con cartas de recomendación para que se llevara presos y encadenados a los que siguen esa religión?' Pero Saulo seguía predicando y demostraba a muchos que Jesús es el Mesías, el salvador del mundo".
Un cambio total de vida, un giro incomprensible, Saulo se cambió el nombre por el de Pablo y en la Carta a los Gálatas él mismo narra así su conversión: "Cuando Aquél que me llamó por su gracia me envió a que lo anunciara entre los que no conocían la verdadera religión, me fui a Arabia, luego volví a Damasco y después de tres años subí a Jerusalén para conocer a Pedro y a Santiago. Las Iglesias de Judea no me conocían pero decían: "El que antes nos perseguía, ahora anuncia la buena noticia de la fe, que antes quería destruir'. Y glorificaban a Dios a causa de mí".



Filipenses 3:7: "Todo lo que para mi era ganancia, lo tengo por pérdida comparado con Cristo. Todo lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo. Sólo una cosa me interesa: olvidando lo que queda atrás y lanzándome a lo que está delante, corro hacia la meta, hacia el galardón de Dios, en Cristo Jesús".
Saulo podría haberle dicho que no al Señor como lo hicieron otros personajes que aparecen en el Evangelio, y que incluso fueron coetáneos del Hijo de Dios, como hizo el rico y apuesto joven Judas Iscariote; el Santo Pablo, en cambio, se rindió y respondió con docilidad: "¿Qué debo hacer, Señor?" (Hechos 22, 10).
Todos tenemos nuestro camino a Damasco, a cada uno nos sale al encuentro un s/Señor desde el lugar más inesperado, allí nos aguarda con el rayo en su mano, esperando ver el desplome. Quizás ese sea su entretenimiento, Dios debe aburrirse, su trabajo tiene que ser aburrido y repetitivo. Quizá ese sea su programa de televisión “Videos de Primera” o “Gran Hermano”, cegar a un infeliz que no sabe que lo es y reírse un rato sentado en el sofá viendo como se desenvuelve en su nueva vida... pero una caída de un caballo siempre duele, aunque sea bíblica. Cosas raras del Cristianismo, San Pablo es una figura muy admirada dentro de la Iglesia entre otras cosas porque dejó de jugar en el F.C. Barcelona para fichar por el Real Madrid y ser pichichi varias temporadas seguidas. No acabo de entender el por qué a Pablo se le acabó llamando de una forma tan paradójica “el Primero después del único" que tiene todo el aspecto de ser un eufemismo para “Don Nadie”.

Capitán Nemo

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