Sunday, August 14, 2011

Mujeres (X): Jerry Faye



Había oído que aquel tour de 1972 estaba siendo tremendo. Así que, teniendo en cuenta que iban a parar en Texas, me decidí a pedirle prestada la camioneta a mi padre y acercarme a Fort Worth a verlos, al fin y al cabo sólo eran 320 millas desde mi Penwell, Texas, natal.
Aquellos tipos eran muy buenos aunque en aquel tiempo sólo tenía tres de sus discos 'Get Yer Ya ya's Out!', 'Sticky Fingers' y aquel doble del que pedí dos copias en catálogo de SEARS. Todo por aquella canción, “Tumbin'Dice” que la emisora KHKX, ponía sin parar todos los días.
Madre no estaba muy contenta con la idea, aquellos mariquitas la habían liado bien hacía un par de años en California y tenía miedo por mí. Le pedí a Charlene si quería venir conmigo pero su gente no accedió, qué paletos. Me marché solo...
Nunca me ha dado por las drogas, sólo una cerveza de vez en cuando, Lone Star la mayoría de las veces. La verdad le doy gracias a Dios por ello porque mi mente está clara al recordar aquella semana tan buena.
Alquilé un cuarto barato en el motel El Dorado y fui a comprar la entrada al Tarrant Convention Center. Y fue entonces cuando supe que tocaban dos veces aquel día, así que saqué otra para el segundo show. Tenía un par de días sin nada que hacer antes del concierto y siendo un chico de campo como soy, me decidí a ir a visitar a los Stockyards, un lugar increíble. Le compré a padre un cinturón y a madre una de esas manoplas para el horno que decía “Greetings from Fort Worth, Texas”.
Conocí a una chica llamada Jerry Faye y ¡Caramba! Dios bendito, vaya pedazo de mujer. Todavía me acuerdo de ella, auténtica hembra tejana, lo puedo jurar. Le conté lo del concierto pero ella no conocía a los Stones, ¿Podéis creerlo?
A la mañana siguiente cuando Jerry Faye se marchó fui a desayunar a un restaurante mejicano, pensé en ella, en lo ardiente que había sido y en todo lo que me enseñó. Al acabar llamé a madre y le dije que estaba bien. Después fui a Dallas para ver la ciudad y conduciendo por allí vi como Wyman, Taylor and Watts salían de una limusina y se metían en un edifcio llamado Sumet – Burnet. Cambié de sentido en medio de la calle y resulta que eran unos estudios de grabación. ¡Menuda suerte!
Y el gran día acabó por llegar. Me levanté muy bien a pesar de no haber pegado ojo de la emoción y llegué a la 1.30 aunque el concierto empezaba a las 3.
¡Joer! Aquel pianista negro que decía ser de Houston hizo de telonero, me lo pasé tan bien... no me arrepiento para nada de haber ido a los dos conciertos en el mismo día. Justo después de terminar me marché al hotel. No era tan tarde y por el entusiasmo de los shows no quise estropearlo todo con bebida.
Me levanté algo tarde y después de comer no pude evitar volver a aquel bar y para mi sorpresa Jerry Faye estaba allí. Me dijo que me había estado esperando y aquello me dio mucha alegría.
Por la mañana, otra vez en El Dorado, me despertó de un codazo dicéndome: “¿Qué te parece si nos vamos a Houston y pillamos el concierto de los Rolling Stones?”
Y pensé: “¡Qué demonios! Soy joven, estas cosas hay que hacerlas ahora...”
Así que llamé a madre y le dije que me iba a quedar un par de días más, no le gustó mucho y me dijo que no olvidara ir a la iglesia. Fuimos a tomar un desayuno mejicano, dejamos el hotel y cogimos la 45 sur hacia Houston.
Llegamos al Hofheinz Pavilion y hacía un calor infernal aquel martes. Llegamos al despacho de billetes después de cuatro horas y media de carretera y resulta que no quedaba ni una condenada entrada. No sabía qué hacer, empezaron a llegar momentos de arrepentimiento.
Las mujeres son más listas que los hombres como dice mi madre, chicos. Volví al aparcamiento para coger la camioneta y después recoger a Jerry Faye en la acera. Cuando llegué me dijo que había regalado una sonrisa y un encantador pestañeo a uno de los tipos de seguridad y !Nos iba a dejar entrar gratis! No me lo podía creer, aquella chica era más lista que el hambre y desde luego podía ser persuasiva, no me extraña que el de seguridad nos dejase entrar su sonrisa era deslumbrante y sus ojos tan bellos...
El show fue excelente, muy enérgico, pero me pareció que Keith Richards estaba enfadado con Watts. Jerry Faye se lo estaba pasando de muerte. Me dijo que aquel afeminado británico que cantaba y bailaba era muy atractivo. No dejaba de mirarlo, incluso diría que él se fijó en ella. Cuando Jagger empezó a cantar 'Jumpin' Jack Flash' me agarró la mano tan fuerte que me hizo daño. Después del concierto, fuimos a tomar algo y después a un motel.
Me levanté por la mañana y se había ido. Al prinicpio pensé que estaría en el baño, pero no. Se había ido y se había llevado la camioneta de mi padre con ella. Y me entraron ganas de llorar, no tanto por la camioneta en sí, sino porque no me pude despedir de ella ni decirle que la amaba. Al final la pick up apareció cerca de Dallas, la policía llamó a padre y yo tuve que ir a por ella y conducirla todo el camino en el mismo día como castigo.
Lo siguiente que supe de Jerry Faye era que estaba saliendo con Mick Jagger, que se casaron y que vivían en Europa. No le culpo. Jerry Faye era una pedazo de mujer, una mujer de las que hace que te sientas feliz de ser un hombre. Se acabaron divorciando, pero es comprensible: Jagger no es tejano.
He pensado tantas veces en Jerry Faye desde entonces, tantas veces... Jerry Faye era una pedazo de mujer.
Mr. Blue

3 comments:

Anonymous said...

JA JA JA.... DIVERTIDO Y ORIGINAL RELATO (Y CABRONCETE...). SPIKE

diana martín said...

"sino porque no me pude despedir de ella" bien, a mi me suena mejor así, menos cacofonía
Sino porque no pude desperdirme de ella

pero es un relato precioso

diana martín said...

"sino porque no me pude despedir de ella", bien, a mi me suena mejor así, porque hace menos cacofonía
Sino porque no pude despedirme de ella

es solo cuestión de gustos ;-)

Precioso relato