Beetle.
Sigue siendo el rey.
Los Skarnales
Una luz en el camino.
Ahora tengo que parar.
Mr. Blue
Elvira deseaba haber sido princesa pero le tocó ser plebeya. Sus ojos, como lunas de Venus, y su cuerpo felino le otorgaban una bula natural que creía de corazón, aceptaba y casi proclamaba. Pero Elvira no se sentía princesa, sino cenicero. Sus experiencias laborales habían ido de mal en peor; sus estudios universitarios, lejos de darle una salida triunfante en forma de puesto de funcionaria, la habían hundido en el más absoluto abismo de depresión laboral. Todos sus conocidos habían conseguido trabajar para el estado y llevaban años malgastando sus vidas frente al televisor o bebiendo distintos venenos de cuatro a diez; y la presión popular y familiar hacían que Elvira se consumiese en un inquisitorial fuego lento.