Thursday, May 31, 2007

Abandono...

26/05/07
El caos vital se refleja hasta en la manera de preparar viajes, era el sábado por la mañana y todavía no sabíamos donde íbamos a ir. Torcuato se había ido a Boston con Melody Nelson, Quinín iba a ser el compañero de viaje esta vez pero por como terminó la semana en el cole no pudimos apenas hablar, así que tras una noche de esas habituales de ojos abiertos, a las once y media de la mañana decidimos hacer una ruta por pueblos abandonados. Salimos de Houston a la una y media bajo una lluvia torrencial, merde!
La primera parada la hicimos en Hempstead, cerveza, algo de picar y cigarrillos con las ganas de pasarlo bien bien cargadas, salimos y llegamos al primer pueblo de los marcados en la ruta: Winkelmann. Winkelmann esta lleno de edificios antiguos (aproximadamente unos cien años) pero probablemente reconstruido. La parte de detrás estaba llena de viviendas semi habitadas, con alrededores llenos de carros de golf desguazados, botellas, ruedas… que hacían el paisaje un tanto desagradable, en el centro del pueblo había una especie de charca con una pasarela de madera hundida en el medio del agua de color verde no esperanza. De los edificios antiguos llamaba la atención el salón, que por dentro todavía tenia lámparas, taburetes, barra y escaleras sacados de una película del oeste. Me agradó mucho este sitio, Quinín no paró de disparar con su camaraza y parecía que el primer paso de esta excursión hiciese que el resto prometiera.
La segunda parada fue en Independence un sitio histórico tejano, allí Samuel Houston tuvo una casa, había cabañas, ruinas de una universidad… dimos un paseo y encontramos unas tiendas en las que se vendieron/venden (?) antigüedades. Al lado de una de ellas había una pick up Ford de los años 50 que nos volvió locos, estaba impecable pero sin pintura y sin asiento, lógicamente fue objeto de los disparos del francotirador fotográfico Freire, me metí por los almacenes de las tiendas a ver zarrios y además a comprobar lo que son las pulgas. Lo que faltaba que me ocurriera en este país: que me picaran las putas pulgas… eso trajo muchas risas, muchas y yo todavía me rasco el brazo, por suerte me di cuenta a tiempo y me espulgué. Allí mismo, en el parque que rodeaba las ruinas nos reíamos mientras tomábamos cervezas, algo prohibido por otra parte. Putas pulgas… me habían picado las pulgas… no vale toda la mala suerte que he tenido, todo el daño que he hecho, el que me he hecho yo… no, no… no es suficiente… alguien decidió que, además, me tenían que picar también las putas pulgas… joder.

En el propio pueblo vimos una plantación de rosas, por aquí hay rosas salvajes, de esas de pueblo, sí, que huelen bien y son puras, con colores naturales en pleno esplendor, de esas a las que no sueles hacer caso y que pinchan como espadas. Salimos de allí tras otra sesión de fotos con calavera de cabra incluida y nos dirigimos a Somerville. Dimos unas vueltas por el pueblo viendo como el policía local se hinchaba a poner multas por exceso de velocidad, lo vimos parar al menos a seis coches… acabamos en un restaurante especializado en carnes de vaca y cuando vi el tamaño de los solomillos que pedimos me quede paralizado, sólo la visión de aquello me quitó el hambre. Probablemente pesarían un kilo y medio cada uno, el gallego dio cuenta del suyo y se acabó lo que yo no pude comer y después, con “dos cojones” pedimos postre, para que nos diera una trombosis, vamos…
Buscamos hotel, vimos algo de tele y Quinín se quedo dormido dejándome a mí en compañía de Forrest Gump, y mientras el corría yo escribía esto.
Salimos por el pueblo y el único bar con el que dimos se llamaba el D’s Bar & Grill, (http://www.dsbarandgrill.com/) penoso, un local apuntalado, con una clientela de seis personas… así que bebimos cerveza y perdí al billar tres a uno por la módica cantidad de cuatro dólares. A dormir, al menos eso pensé hasta que los trenes empezaron a pasar por la noche y comencé de nuevo a pensar en un mal de ojo, ¡Qué agonía, Dios!

27/05/07

Desayunamos en el hotel y nos acercamos al lago que hay en Somerville, pero el día era gris y oscuro, así que nos marchamos en dirección a Washington-on-the-brazos. En ese momento me di cuenta de lo que estaba echando de menos, la música; el coche de Quinín lleva casete y, claro, ya nadie tiene cintas. Las radios tejanas no son las mejores del mundo… peeeeeeeeeero, di con una emisora en la que ponían soul y eso me alegró el alma un rato, pese a las acusaciones del gallego que aseveraba que me estaba haciendo negro.
Paramos en un rancho a hacer unas fotos y una simpática mujer que también vive en Houston paró su cortacésped John Deere y se puso a hablar con nosotros, nos invitó a pasar a ver el palacio que había dentro del rancho y que fue casa del ultimo presidente de la republica de Texas, había cabañas bellísimas, ruinas de otras, mosquitos… Quinín hizo unas fotos preciosas y yo me acordé tanto del doble de Serge Gainsbourg como de Melody, que se lo debían estar pasando también de puta madre porque con ambos se viaja de cine.
Llegamos al parque natural Washington-on-the-brazos pero empezó a llover a cántaros y no paraba así que nos metimos en el museo que hay en el propio parque y no hicimos ninguno de los senderos de las rutas. Muy bueno, Texas tiene mucha historia y los museos están muy bien trabajados, hicimos fotos de risa, con sombreros, tocando tambores indios… yo tenía un hambre canina, llevaba sin fumar todo el día y la nicotina ya es casi mi única dieta si lo miramos bien…
Dejamos el museo y nos fuimos a comer barbacoa a ‘The Ranch’ un restaurante antiguo que funciona desde 2006 (más risas…), Quinín sentía que incubaba la gripe y sólo estábamos a dos horas de Houston así que decidimos que nos volvíamos para que se medicara y comenzar mejor el Lunes, con mejor tiempo quizás, y ya con el gallego dopado con frenadol.
Tuve noche intranquila, achilangada, y madrugué además, pero me sentía mejor, mucho mejor.

28/05/07
Salimos de Houston a las nueve cincuenta con dirección al pueblo fantasma de Swanthout cerca del lago Goodrich, de camino, Quinín paró a ver una yegua con su potrillo de pocos días, me puse unas pastillas de menta en la mano y la llamé, no hizo falta insistir mucho, estaba acostumbrada al azúcar porque se acercó enseguida, volví a tener la sensación de lengua de caballo en la palma de la mano, algo que hacía mucho que no sentía y Quinín tomó fotos del suceso. El olor a caballo me recordó a algo gracioso que me pasó el Domingo por la noche, dichosos jaripeos… también paramos en un cementerio muy, muy kitsch, con lápidas con forma de corazón y cosas por el estilo.
Dimos con el pueblo, que tenía algún edificio abandonado pero poco más, gracias a la indicación de una mujer que estaba en la oficina de correos.
Era la hora del Ángelus que Quinín y yo siempre santificamos con una cerveza, al menos, en este punto del día lo más cercano era un restaurante mejicano-norteamericano llamado El Burrito, donde para poder tomarnos dos Coronas tuvimos que pedir la media docena de tamales más malos que boca humana haya probado alguna vez, como dijo Quinín “Ta-males”. Le hablé entonces de Doña Tere, el restaurante con los mejores tamales de Houston al que Tania me llevó un día y pensé en las buenas cosas que me están pasando últimamente, y en las ganas que tengo de desaparecer del sitio en el que vivo.
Salimos en dirección al condado de Livingstone y dimos con Manning un antiguo pueblo maderero en el que sólo queda la casa del dueño de la serrería, un palacete precioso de dos plantas que nos trajo descanso, un columpio y encontrarnos con un tipo de las cercanías que nos recomendó Nacodoges, el pueblo más antiguo de Texas. Previamente habíamos preguntado por cosas que ver a un tío que el gallego describió así: “a ese elemento lo agitas y caen bellotas” Jooooooooooder… no se podría haber dicho mejor…
De camino a Nacodoges pasamos por Lufkin en el que vimos un cartel al lado de una iglesia que decía así (no se puede traducir, lo siento): “Walmart is not the only saving place”. Es curioso comentabámos Quinín y yo que en esta parte de Texas te encuentras más templos que personas, real como la vida irreal misma.
El pueblo de Nacodoges es de película, precioso, pero su vida parece de película de zombis, los únicos seres vivos que vimos fue un par de bomberos y gente que pertenecía a una iglesia dedicada a recuperar yonquis para la vida normal, ex toxicómanos que pululaban por allí sin nada que hacer. Muchas antigüedades, edificios viejos de ladrillo, nadie en la calle, ningún bar… tenía somnolencia y mal sabor de alma, así que nos marchamos de allí y paramos a comer en uno de esos restaurantes delicatessen llamados “Wendy’s”.
Nos dirigimos al condado de Joaquín, que así se llama mi compañero de viaje esta vez y gran amigo en la mayoría de las ocasiones, hicimos fotos a todos los carteles, algunas eran de auténtica coña. Nosotros estábamos secos, el coche también, no veíamos gasolineras ni encontrábamos el pueblo fantasma de Haslam, se nos agotaba el depósito pero al final dimos con gasolinera y con el pueblo, aunque de fantasma nada, era un pueblo pequeño sin ruinas. Dios aprieta pero no ahoga cuando voy con alguien, cruzamos la frontera con Luisiana y el pueblo que vimos, Longsport, era bien bonito también, más tiendas de antigüedades y edificios viejos. De vuelta a Joaquín paramos en el restaurante “Rancho Grande” con intención de abrevar peeeeeeero, resulta que Joaquín es un condado “seco” nada de alcohol, y la cara de Joaquín Freire fue la de un niño que pide huevos fritos y cuando se los sirven se da cuenta de que la yemas están cuajadas y no se puede mojar pan en ellas, prometió poner una queja por escrito y conociéndole le creo… En el restaurante una familia de rednecks nos dio explicaciones de como encontrar sitios que fotografiar, el problema es que cada uno daba direcciones a un sitio distinto y hablaban todos a la vez. Fue gracioso, nos recomendaron Center, a unas trece millas, y allí fuimos. El pueblo tiene el centro lleno de edificios de ladrillo, los típicos que vimos durante todo el viaje, en un parque vimos el final del homenaje a los veteranos de guerra, ese era el fin de semana llamado del “Memorial Day”, no llegamos a la salve de disparos por muy pocos minutos, lo que hizo lamentarse al gallego con un sonoro: ¡¡Me cago en Rusia!!
Lo intentamos, de veras, pero tampoco había bares en ese pueblo.
El siguiente con la luz del dia marchándosenos entre los dedos fue St. Agustine (Texas), otro downtown (centro del pueblo) tan bello como solitario y una misión que estaba cerrada, muy cerrada: Misión Dolores.
Pasamos por dos pueblos más, Jasper y Kirbyville y nada, nada… ni un solo bar; en el segundo encontramos el Motel Gateway y allí nos tomamos dos cervezas que Quinín llevaba en la nevera en el coche… sólo en la calle de Madrid en la que viven mis padres hay más bares que en los pueblos que recorrimos en tres condados diferentes, pásmense.
Dormí profundamente agotado.

29/05/07
Dormía profundamente y soñaba, y soñaba que Willie Nelson cantaba “Angel Flying Too Close To The Ground” y el sueño era agradable pero demasiado real, como si Willlie me estuviese cantando de verdad en la habitación del hotel, abrí los ojos y resulta que Quinín estaba viendo una película en la que salía el propio Nelson cantando el tema, otra vez se habían mezclado realidad y ficción, otra vez a punto de morder la zanahoria… era la película Honeysuckle Rose, Willie no cantaba para mi, claro…


Desayunamos en Sonic, un drive in, el primero desde que vivo en este país, nos hicimos unas fotos en la gasolinera abandonada de delante del hotel y a las 9.40 cogimos la 96S con dirección a Buna. La idea era pasar todo el dia en Port Arthur, llovía a mares, el paisaje era siempre igual, y hablábamos de anécdotas de Caldas de Rey mientras que en la radio sonaba country moderno. El mundo es un filón pero Caldas de Rey es un sitio tan peculiar por los personajes que allí viven que no hay forma de describirlo, una de las anécdotas de una noche fue un tipo de origen alemán que entró en una pastelería pidiendo que le pesaran el miembro, la respuesta de la dependienta fue también de órdago: “sácame el miembro de ahí….” Ya le pediré a Quinín que os la cuente un día.
En Port Arthur había una tormenta eléctrica de impresión, caían rayos y centellas, dimos con el centro de información al turista que se había llevado por delante el huracán hacía un par de años más o menos así que entramos en la biblioteca pública. Allí una “linda” señorita se quedó prendada de mi acento extraño y voz grave cazallera (con risas y puyazos de Quinín hacia mi persona incluidos) y nos indicó como llegar al museo de la ciudad. Llovía tanto, pero tanto… que las calles estaban inundadas, tanto que Quinín por seguridad cambió de carril varias veces para evitar los charcos oceánicos.
Llegamos al museo, lleno de memorabilia dedicada a personajes famosos nacidos o criados en Port Arthur y cercanías, lógicamente la hija mas ilustre de ese pueblo fue Janis Joplin, allí había una colección de cuadros pintados por ella, algunos trajes, objetos personales y su Porsche, su Porsche… se me cumplió otro sueño musical, me acordé mucho de Torcuato.
La ciudad tenía un aspecto muy pobre y desolado, llegamos muy cerca de las refinerías que parecían de película de ciencia ficción, el olor químico se te metía en el cerebelo, pasamos a través de un puente y llegamos a una isla llamada Pleasure Island, dimos con su puerto deportivo pero más de lo mismo, ni un alma en la calle, ni un sitio de ocio común en el que encontrar almas solitarias o solitarias con compañía. Nos marchamos de allí, yo con una foto que no puede sacar por lo que llovía, la refinería vista desde cerca, un mundo diferente y fascinante, y Quinín loco por hablar con su familia, durante la mayor parte del viaje no tuvimos cobertura.
Carretera y manta de agua, llegamos a un pueblo llamado Anahuac, la capital del caimán del estado tejano, y allí, después de comprobar que no había nada, paramos a comer (carne) en un restaurante llamado “The Wooden Spoon”, una delicia muy bien cocinada, se acababa el viaje y empezó a hacer un calor tremendo, ya sabéis si algo puede salir mal sale mal y si además el destino me puede joder un poco ¿Por qué no? En ese pueblo tampoco pudimos tomar una miserable cerveza, ese día no santificamos las fiestas y la hora del Ángelus pasó como cualquier otra.
De lo que ocurrió desde que volvimos a la autopista 10W dirección a Houston hasta que me acosté esa noche no me acuerdo muy bien. Sólo sé que el coche de Quinín marcaba en su cuentakilómetros ochocientas treinta y cuatro millas, casi mil trescientos veintiséis kilómetros y que teníamos unos cientos de dólares menos en el bolsillo.
Ite Missa Est.
Mr. Blue

Wednesday, May 30, 2007

Fin de Semana del Festival de Jazz de NOLA

27 de abril de 2007
Salí a la una del colegio sin dudas, era viernes y había pedido dos horas, llegué a los apartamentos de Antonio y desde allí, junto con Catia y Jorge salimos en dirección a Nueva Orleáns, siete horas de conducción en el Hyundai de Antonio. Un armadillo, dos armadillos, tres armadillos, cuatro armadillos… perdí la cuenta en el séptimo armadillo muerto en la carretera hasta que paramos en una gasolinera, bebimos, desbebimos y cambiamos de asiento y allí en el trasero caí dormido profundamente. Mis oídos despertaron varias veces pero mis ojos fueron incapaces de abrirse, una sensación extraña que no me había ocurrido nunca. Caían las millas y entrábamos a la ciudad llamada “Big Easy”, Fats Domino con su "Walking to New Orleans" nos dio la bienvenida desde el reproductor de cedes y llegamos al hotel. Dejamos los bártulos en la habitación y nos fuimos a cenar, dimos un paseo hasta el French Quarter. Aquello era como si hubiese estado allí el día anterior, pocas cosas habían cambiado desde la última vez que estuve, empecé a sentirme mal, como si me estallaran las venas del cuello, me dolía el pecho y estaba mareado. Llegó un momento en el que la presión en el pecho me empezó a acojonar, yo no dije nada y lo achaqué al hambre, Antonio nos llevó a un restaurante típico, pedimos muffaletta el bocadillo de New Orleans. Entre aquel bollo de pan había demasiada carne, demasiada comida yo ya no puedo comer, el habito alimenticio me ha cambiado bastante en el ultimo ano y medio.
Desde allí nos fuimos a la primera parada musical, tres bandas en el club Howling Wolf, una cuyo nombre no recuerdo, Ivan Neville y Fishbone. Neville versionó a James Brown, el Miss You de los Stones y a la Creedence Clearwater Revival, entre otros, nos dio un recital de funk y soul que me puso eléctrico. Me acordé de Carmen la murciana a la que parece que la vida le sonríe (y que le dure siempre), ella es muy fan de los Neville. Fishbone nos dio una descarga de reggae y tralla pero quizá demasiada, el concierto se alargó hasta las 5:15, Catia estaba sentada en el suelo yo me dormía en un taburete y Antonio y Jorge andaban en algún sitio que yo ya no veía. Por fin, (nunca hubiese creído que diría esto pero…) menos mal que acabó el concierto, menos mal. Una rara sensación, si señor.

28 de abril de 2007
Durante la noche en el hotel también hubo concierto, esta vez de ronquidos, cuatro horas de descanso interrumpido por el servicio de habitaciones que acabó sacándome de la cama y me hizo entrar en la ducha el primero. Hac'ia un día de sol ajusticiador, el calor se mezclaba con el ruido de la autopista y nos dirigimos a la zona donde estaban los conciertos del festival de jazz. Empezamos con el gospel que me dejó impresionado, esa música nunca me había dicho gran cosa en disco pero verla, oírla y sentirla en directo te llega, te hace convulsionar hasta la conversión. Después a la carpa del blues, no gracias, no mas blues guitarrero; además apareció media España por allí demostrando que somos españoles, así que me marché a ver el ambiente en los alrededores, a hablar con Torcu por teléfono que se había quedado en Houston y a escuchar tres temas de Johnny Rivers. Desde aquella carpa me fui al escenario donde tocaban los Calexico, una banda de Arizona con dos trompetas mariachis de la que había leído en Crémolo, buenos temas con toques chicanos, muy recomendables.
La gente se lleva sillas al festival y las ponen cerca de las primeras filas por lo que acercarse al escenario es muy, muy complicado porque la gente se mosquea cuando intentas colarte entre ellas… en cuanto terminó Calexico llamé a Antonio y los dos nos fuimos a ver a Rod Stweart con un calor que castigaba lo suyo.
En el viaje habíamos hecho apuestas de lo que tocaría… mmm, a ver… dos del american songbook, dos de los 80, los clasicazos (otros dos, que lógicamente incluirían Maggie May) y Do You Think I Am Sexy?. Acertamos, pleno al quince, salió al escenario vestido de negro con una banda de chicas muy, muy bonitas y con buenas voces, y una rubia en particular que tocaba el saxo y el pedal steel como los ángeles. No nos sorprendió, si acaso negativamente, hizo una versión de la Creedence (Have You Ever Seen The Rain?) notable, se marchó al empolvarse la nariz y dejó a las chicas cantando. Los dos nos habíamos puesto en un buen sitio, a pesar de las vueltas que dimos y de las caras de mala uva de la gente, la caló no cesaba, la cerveza se subía y cuando cantó Maggie May nos dio un subidón de adrenalina. El mismo se repitió pero de risas cuando en los bises cantó “Do You Think I Am Sexy?” Hay documento grabado de los bailes y el desojone general de Antonio pero tengo la sensación de que nunca se verá…
Fue decepcionante como si Rod Stweart se hubiese convertido en una especie de Cliff Richard… su voz sigue siendo la misma, eso sí.




Salimos escopetados al club Tipitina’s (www.tipitinas.com/default.asp) a ver a unos teloneros que hacían Zydeco y a Dr. John que nos regaló un impresionante concierto de dos horas y quince minutos.
Pensé que me libraría por el paseo por la ciudad pero me tocó conducir y se me vinieron encima todos los fantasmas del pasado, la verdad es que era más feliz cuando tenía la cabeza llena de pájaros y no de fantasmas. Aparcamos muy cerca del bar DBA donde íbamos a ver a “40 Morning Generation” que son un GRUPAZO, tardamos en entrar casi una hora y media porque el aforo estaba completo, pero por suerte la banda se retrasó media hora más y no tuvimos problema para verlos. Aprovechamos para cenar, orear los pulmones y que alguien calmase su borrachera. Entramos, vimos y gozamos, teníamos el cuerpo machacado pero mereció la pena ver aquella especie de mezcla de Pogues y Waits fiesteros y borrachuzos.
En el Tipitina's me vino a la mente Consuelo de la que hace la tira que no sé y que es una enamorada de Nueva Orleáns; cuando me acosté aquella noche decidí que no voy a volver más a lugares en los que ya haya estado porque muchos tienen un peso con el que ya no puedo cargar, así que arrivederci Roma.
Durante la noche no bebí ni una gota y fui consciente de lo que el alcohol hace en los comportamientos humanos y también comprobé lo que le esta pasando al mío, me acosté a las cuatro y media y en menos de dos minutos estaba dormido, sólo recuerdo tener pesadillas (si hijos otra vez, no me estoy repitiendo por escrito, no…) y del concierto de dúo dinámico roncador. Bona Notte

29 de abril de 2007
A las 9.30 de la mañana recibí una llamada telefónica de Dania Santiago, pero no pude responder, no tenía voz. Amaneció por fin en mi cabeza y el agua hizo que se aclarara la luz mental. Desayunos y bla, bla, bla y enseguida a la zona de conciertos, comenzamos de nuevo en la carpa del gospel donde yo acabé de convertirme definitivamente, esas voces te hacen vibrar y eres capaz de localizar en qué parte de tu cuerpo se encuentra tu alma. Desde allí a ver a una banda de ragtime, una pasada por un escenario country para ver a Maggie Warwick y después un poco de jazz relajante. El calor era inhumano pero se acercaba la razón verdadera por la que yo había ido al festival de jazz de Nueva Orleans, Jerry Lee Lewis, que tardó en salir mientras su banda tocaba éxitos del country y que se marchó diez minutos antes de lo previsto, The Killer está muy mayor así que no se le puede pedir más realmente; la mala vida te lleva a tener una vejez complicada, me encantó, dio igual lo que hiciera es otra de esas leyendas que ya he visto en vivo antes de que uno de ellos o yo fallezcamos: Chuck Berry, Bo Diddley, Fats Domino y Jerry Lee Lewis. Sólo movió las manos y la boca y al final del concierto fue capaz de sentar su culo en el piano, pero sus botines, sus canciones y su carisma lo fueron todo.
Desde allí corriendo a ver una parte del de George Thorogood and The Destroyers, muy bueno, muy bueno este tipo en directo, pero qué putada actuar a la misma hora que una leyenda.
Después nos tocó el ultimo concierto, un grupo de chicas negras muy, muy gorditas (sobre todo una) pero con unas voces insuperables, Topsy Chapman & Solid Harmony que nos dio la paz suficiente para apreciar el descanso de estar sentados y recargar la pila para regresar a Houston por la autopista interestatal I10. Ya de camino en el coche, por algún extraño motivo tenía canciones de Bambino en la cabeza, pero les fui contando a Catia y a Antonio (creo que mi discurso llegó a dormir a Jorge) los entresijos del club de fans de Brian Jones y de las diferentes teorías sobre su muerte y el viaje se hizo corto, me dormí a una hora y media de llegar a casa y por suerte no iba conduciendo.
Hice este viaje hace un mes exactamente, fue mi primer festival de música, he perdido muchos recuerdos, hay otras cosas de las que no me quiero acordar, pero sí tengo claro que, o mucho cambian las cosas o es la última vez en mi vida que voy a Nueva Orleáns.
Independientemente, gracias Antonio.
Mr. Blue

Thursday, May 24, 2007

el "inamor"

Otra vez Gainsbourg, el blog empieza a parcerse a una web dedicada al francés, obsesivo que es uno, ya sabéis...
Este tema es tan bello como la palabra inventada para darle titulo, L'anamour, el "no amor", el "inamor" la incapacidad de amar...
Una cancion de mil novecientos sesenta y nueve, année érotique, incluída en un LP titulado Jane Birkin/Serge Gainsbourg, en el que el tema Je t'aime moi non plu, escondió el resto de joyas que había en su surco, tanto que en algunos países se tituló de esa forma.
Mr. Blue


El "inamor"
(Serge Gainsbourg)


Ningún Boeing en mi tránsito
Ningún barco en mi silla tumbona
Busco sin éxito la puerta exacta
Busco sin éxito la palabra "exit"

Canto para los transistores
Este relato de la extraña historia
De tus "inamores" transitorios
De bella durmiente que duerme

Te quiero y tengo miedo
A perderme
Y siembro semillas
De adormidera en los adoquines
Del "inamor"




Sabes aquellas fotos de Asia
Que saqué a 200 Asa
Ahora que no estás
Sus colores vivos palidecieron

Creí oir las hélices
De un cuatrimotor pero desafortunadamente
Era un ventilador que pasa
En el cielo de la comisaría de policía

Te quiero y tengo miedo
A perderme
Y siembro semillas
De adormidera en los adoquines
Del "inamor"

Te quiero y tengo miedo

A perderme
Y siembro semillas
De adormidera en los adoquines
Del "inamor"

Sopla, viento, sopla

Cuando uno bebe aparecen momentos de inspiración creativa que dan frutos bien artísticos, cachivaches de maravilla que no se pueden percibir en estado de consciencia total. En ocasiones uno se sorprende de tener ciertas capacidades ocultas que acaban saliendo a la superficie cuando el licor te pasa por el cerebro, pero, jóvenes, la mayor parte de las veces eso no llega y te despiertas en el medio de un sitio vacío, te sientes como si tuvieras un muñeco de ventrílocuo pegado que habla por tí, se gira, te mira y lo único que puedes hacer es quedarte inmóvil, como si fuese el artefacto el que tuviese el control de tu vida.
No se dejen engañar, hasta a Jesucristo le gustaba la alegra, sí, pero todo con mesura, todo con mesura, por favor, nada de dieciséis días seguidos bebido.
Sopla viento, sopla... refresca mi cara, haz salir el veneno de los pulmones, sácame el humo de de las venas, arráncame el fuego del cerebro y apaga la locura de mi hígado.


Sopla viento, sopla
Tom Waits

Sopla viento, sopla
A donde sea que vayas
Ponte la gabardina
Y llévame

Me tienes que llevar en la noche
Llevar en la noche
Hazme desaparecer de aquí,
Hazme desaparecer de aquí...

Maria está en la carretera secundaria
Hay un marido en problemas
Metido en “un buscar sin querer encontrar”
Estaba callado como un ratoncito de iglesia


Puse mis cigarrillos Raleigh's en el salpicadero
Aquel cuarentón con estilo se fue en limusina
Y es que no se hace claqué en solitario
Aquí abajo.
Sopla viento, sopla
A donde sea que vayas
Ponte la gabardina
Y llévame

Pisé un ratón de campo
Yo bailaba en el matadero
Y si vas por la circunvalación
Derrapas todo el día

Porque iba un poco a lo loco
Me senté en la silla alta
Fumo como un motor diesel
Salida aquí

Y si soplas, viento, soplas
A donde sea que vayas
Ponte la gabardina
Llévame

Me tienes que llevar en la noche
Llevar en la noche
Hazme desaparecer de aquí
Hazme desaparecer de aquí
Tienes que hacerme desparecer de aquí
Desaparecer de aquí
Si…

Tom Waits

Tuesday, May 22, 2007

melody nelson tiene el pelo de color rojo, y es su color natural...

melody
serge gainsbourg

las aletas del rolls rozaban los postes
cuando sin querer me perdí
llegamos mi rolls y yo a una zona
peligrosa, un sitio aislado.

y allí, en el capó de este “silver ghost”
de 1910 avanzaba como un explorador
la venus plateada en el radiador
cuyas ligeras alas abrían camino.

engreída, desdeñosa, mientras que la chillona
radio tapa el silencio del motor
ella observa el horizonte pero su mente, en otra parte,
parece ignorar las aceras que voy montando.

callejuelas, callejones y lugares
donde aparcar está prohibido, un corazón indiferente
ella aguanta las riendas del poder de mis veintiséis caballos

princesa de las sombras, ángel maldito arqueado
amazona en estilo moderno que el escultor
dio en nombre inglés de “spirit of ectasy”



y así estaba yo haciendo el gilipollas antes de perder
el control del rolls. avanzaba lentamente,
mi coche derrapó y un violento ruido
me sacó de repente de mis sueños. ¡mierda!

vi la rueda de una bicicleta delante
que seguía girando sin control
como una muñeca que pierde el balance
la falda subida por encima de sus bragas blancas

“¿cómo te llamas?
melody
¿melody qué?
melody nelson...”

melody nelson tiene el pelo rojo
y es su color natural.

Mercì Anne Sophie et Maya

Monday, May 21, 2007

Adiós Moisés, hola Jesús, o el camino a Damasco y la caída del caballo.

Saulo era un hebreo natural de Tarso defensor a ultranza de la Ley de Moisés, y que formaba parte de la severa secta de los fariseos lo que significaba que era perseguidor y enemigo natural de Cristo. Los fariseos eran los descendientes de los judíos que regresaron del cautiverio de Babilonia, de ese grupo salieron los doctores de la ley, la Tora. Creían en la inmortalidad del alma, en la resurrección de la carne y en los ángeles, eran hombres exaltados y xenófobos, de ahí lo apasionado de la persecución de Saulo que además era un hombre cruel, impetuoso y lleno de arrebatos, lo que le llevó a intervenir de manera activa en la lapidación de San Esteban y poco después a ofrecerse a ir a Damasco a arrestar a todos los discípulos de Jesús. Saulo salió a “perseguir al hijo de Dios”, pero bien poco sabía de lo que en el camino le aguardaba.

Hechos de los Apóstoles, capítulo 9:
Saulo, respirando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas de recomendación para las sinagogas de los judíos de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores de Cristo, los pudiera llevar presos y encadenados a Jerusalén. Y sucedió que yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo; cayó en tierra y oyó una voz que le decía: 'Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?'. El respondió: '¿Quién eres tú Señor?' Y oyó que le decían: 'Yo soy Jesús a quien tú persigues. Pero ahora levántate; entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tendrás que hacer'.
Los que lo acompañaban se detuvieron mudos de espanto, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos no veía nada. Lo llevaron de la mano y lo hicieron entrar en Damasco. Pasó tres días sin comer y sin beber.
Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: '¡Ananías!' Él respondió: 'Aquí estoy Señor' y el Señor le dijo: 'Levántate. Vete a la calle Recta y pregunta en la casa de Judas por uno de Tarso que se llama Saulo; mira: él está en oración y está viendo que un hombre llamado Ananías entra y le coloca las manos sobre la cabeza y le devuelve la vista'.
Respondió Ananías y dijo: 'Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los males que ha causado a tus seguidores en Jerusalén, y que ha venido aquí con poderes de los Sumos Sacerdotes para llevar presos a todos los que creen en tu nombre'.
El Señor le respondió: 'Vete, pues a éste lo he elegido como un instrumento para que lleve mi nombre ante los que no conocen la verdadera religión y ante los gobernantes y ante los hijos de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre'.
Fue Ananías. Entró en la casa. Le colocó sus manos sobre la cabeza y le dijo: 'Hermano Saulo: me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías. Y me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo'. Al instante se le cayeron de los ojos unas escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Tomó alimento y recobró las fuerzas.
Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco y enseguida se puso a predicar en favor de Jesús, en las sinagogas o casas de oración, y decía que Jesús es el Hijo de Dios. Todos los que lo escuchaban quedaban admirados y decían: '¿No es éste el que en Jerusalén perseguía tan violentamente a los que invocaban el nombre de Jesús?' Y '¿No lo habían enviado los Sumos Sacerdotes con cartas de recomendación para que se llevara presos y encadenados a los que siguen esa religión?' Pero Saulo seguía predicando y demostraba a muchos que Jesús es el Mesías, el salvador del mundo".
Un cambio total de vida, un giro incomprensible, Saulo se cambió el nombre por el de Pablo y en la Carta a los Gálatas él mismo narra así su conversión: "Cuando Aquél que me llamó por su gracia me envió a que lo anunciara entre los que no conocían la verdadera religión, me fui a Arabia, luego volví a Damasco y después de tres años subí a Jerusalén para conocer a Pedro y a Santiago. Las Iglesias de Judea no me conocían pero decían: "El que antes nos perseguía, ahora anuncia la buena noticia de la fe, que antes quería destruir'. Y glorificaban a Dios a causa de mí".



Filipenses 3:7: "Todo lo que para mi era ganancia, lo tengo por pérdida comparado con Cristo. Todo lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo. Sólo una cosa me interesa: olvidando lo que queda atrás y lanzándome a lo que está delante, corro hacia la meta, hacia el galardón de Dios, en Cristo Jesús".
Saulo podría haberle dicho que no al Señor como lo hicieron otros personajes que aparecen en el Evangelio, y que incluso fueron coetáneos del Hijo de Dios, como hizo el rico y apuesto joven Judas Iscariote; el Santo Pablo, en cambio, se rindió y respondió con docilidad: "¿Qué debo hacer, Señor?" (Hechos 22, 10).
Todos tenemos nuestro camino a Damasco, a cada uno nos sale al encuentro un s/Señor desde el lugar más inesperado, allí nos aguarda con el rayo en su mano, esperando ver el desplome. Quizás ese sea su entretenimiento, Dios debe aburrirse, su trabajo tiene que ser aburrido y repetitivo. Quizá ese sea su programa de televisión “Videos de Primera” o “Gran Hermano”, cegar a un infeliz que no sabe que lo es y reírse un rato sentado en el sofá viendo como se desenvuelve en su nueva vida... pero una caída de un caballo siempre duele, aunque sea bíblica. Cosas raras del Cristianismo, San Pablo es una figura muy admirada dentro de la Iglesia entre otras cosas porque dejó de jugar en el F.C. Barcelona para fichar por el Real Madrid y ser pichichi varias temporadas seguidas. No acabo de entender el por qué a Pablo se le acabó llamando de una forma tan paradójica “el Primero después del único" que tiene todo el aspecto de ser un eufemismo para “Don Nadie”.

Capitán Nemo

Saturday, May 19, 2007

María Rosita Martínez, otra heroína

Me llamo María Rosita Martínez y en mi vida hay mucha alegría, soy mojada y crusé el río Grande en 1994 no por nada especial, crusamos el río de la ilusión porque mi hermano mayor tenía diabetes. Mi mamá ya llevaba cuatro años en Arizona, y se regresó para crusar con nosotros, mi hermano necesitaba tratamiento urgente y había que llevárselo a los Estados Unidos.
Una mañana de junio agarramos el bus en DF con destino a Matamoros, allí nos íbamos a encontrar con mi papá que llevaba diesisiete años en Texas y ya tenía papeles. Pasamos todo el día en la calle, después de buscar un teléfono y llamarle, él crusó por Brownsville, por un puente que une los dos países y que se tarda diez minutos en pasar, justo en el medio hay un control que te hase a veses tardar más de diez horas.
Esperamos en la calle a que anochesiera, sentados como la mayor parte de la gente que allí había y que iba a lo mismo que nosotros. Echaba de menos a mi hermano Jandrito que se quedó en DF con mi tía Adela, pensaba en qué estarían hasiendo, cayó la noche y mi papá habló con el coyote que había buscado en Texas, el sólo dijo “síganme” y comensamos a andar mientras que papá se marchó con la troca en dirección a la frontera Americana.
El coyote nos llevó caminado hasta un serro, nos tardamos dos horas en llegar y de allí nos asercó a la orilla. Algunos coyotes crusan a la gente en balsa, otros en llantas de carro pero el nuestro eligió junio porque el Grande bajaba más lento y vasío, había que crusar el río andando, el agua estaba fría y olía bien feo, yo tenía mucho miedo, la noche estaba muy oscura. Caminábamos en el agua vestidos y con zapatos; cuando empesó a cubrirnos, el coyote, que andaba marihuano, le dijo a mi mamá que se agarrara resio a mi hermano Roberto y que él me sujetaría a mí y así iríamos más rápido. Mi mamá le gritó que no, que iríamos todos juntos; yo entonses no caí en lo que el coyote buscaba de mi. Ella iba bien cansada, aquellos veinticinco minutos se hisieron como veinticinco horas, el tiempo paresía que no pasaba.
Por fin alcansamos la otra orilla con lo único que teníamos, los unos a los otros y la ropa mojada, después nos tocó caminar dos horas por un pedregal, mi mamá se cayó al suelo y yo pensé que se había muerto pero se levantó jadeando y yo me alegré mucho porque mi hermano estaba débil y el coyote se miraba medio loco. Llegamos a una highway y la crusamos, los coches no paraban de pasar y dimos con el almacén abandonado en el que nos veríamos con mi papá, que llegó, y también un carro color café en el que se marchó el coyote, no nos había hablado nada, aquel silencio, que entendí cuando me hise mayor, me había dado ganas de llorar.
Subimos a la camioneta y papá nos llevó a un hotel para que nos bañáramos y nos cambiáramos de ropa por fin, nos había traído dos mudas. Al amanecer crusamos a los Estados Unidos por la garita de Corpus Christi, mi papá tenía papeles, se había marchado a USA al nacer mi hermano Roberto para hacer dinero y mandaba con regularidad, sólo volvía de visita cada año por una semana. Pero llegó un día en que dejó de mandar y mi mamá se tuvo que ir a Arizona para trabajar; ella tuvo suerte, mi mamá siempre fue una mujer afortunada, ella crusó en el techo de plástico de un camión, y allí estuvo cuatro años. En ese tiempo nosotros nos quedamos en casa de mi tía Adelita en el DF.
En la troca mis papás se pusieron a discutir bien feo, yo no entendía nada, estaba muy cansada y no sabía a donde iba, con sus gritos no me podía dormir, mi hermano no tenía buena cara. Mi papá se puso bien bravo y la dejó en Brownsville gritándola que se fuera otra ves a Arizona, que no la quería en Houston. Pero mi mamá siempre tuvo suerte, siempre, y allí dio con otro coyote y al final llegó a Houston en avión, incluso le dio la vuelta a la migra que estaba al lado de ella en el aeropuerto.
Cuando llegamos a Houston me di cuenta de lo que ocurría y de por qué habían discutido tanto, llevamos a mi hermano al hospital que ya estaba muy grave y después fuimos al apartamento. Allí conocí a mis otros hermanos, los hijos de la esposa de mi papá; vi su otra vida, de la que yo y Roberto no tuvimos más remedio que entrar a formar parte. A mí no me gustaba nada aquella mujer, yo sólo quería estar con mi tía Adelita. En menos de un mes mi hermano salió del hospital e hisimos un plan para salir de aquella casa.
La vida siguió son sus tristesas y alegrías, me embarasé, me gradué en la high school, llegaron los maltratos, el asesinato de mi papá… llevo trece años en esta jaula de oro, en este tiempo he ido a Méjico una ves, cuando murió mi tía Adela, y otra a San Antonio, allí se puede ir sin miedo porque no hay retén de migra. Ahora tengo papeles legales de residencia y dos joyas que son mi vida, y en mi vida hay mucha alegría.

Con mucho cariño,
María Rosita Martínez


La visita y la pesca a los dos días huelen

Hace ya algún tiempo les conté la historia de las hermanas gemelas Angustias y Soledad, que hacían autostop en una carretera y nos acompañaron durante gran parte del viaje que Torcuato y yo hicimos en Navidad. Ya saben, una de esas leyendas que se escuchan desde niño, paras, se suben y en un cierto momento te dicen que en aquella curva se mataron un seis de mayo de 2006, asustado giras la cabeza y resulta que han desaparecido del coche.
Ayer volvieron a pasar por mi vida, las vi, estaban en el complejo de apartamentos en los que vivo y vinieron a casa a visitarme. Las encontré muy desmejoradas como si hubiesen pasado cuarenta años por ellas. Siguen teniendo la misma fuerza pero ahora ya no son atractivas y la edad les ha hecho agriar su carácter, ser reprochonas, tener siempre ira y ganas de castigar, como aquellas maestras antiguas que te daban en la mano con una regla de madera en lugar de explicarte por qué no debías hacer lo que habías hecho, para aprender y así evitar crecer con resentimientos y pensando que la equivocada era ella y tú siempre hacías bien las cosas.
Ayer se quedaron, cuando me marché esta mañana a trabajar las vi durmiendo con la boca abierta en el sofá, se habían terminado la botella de Southern Comfort y se habían fumado todo el paquete de Marlboro, además, se cenaron toda la comida que me quedaba, toda, y yo ya no tengo fuerzas para salir a hacer la compra, no puedo ponerme a pensar qué voy a llevar, dónde lo voy a poner en la cocina, cómo lo voy a tener que cocinar, cómo lo tendré que servir… ya no puedo más, ya no tengo fuerzas ni para seguir haciéndome daño.
Ojalá cuando vuelva ya no estén, pero por si acaso intentaré no regresar a casa hoy, ya saben, otro día más por ahí sin ganas de nada.
Carmelo Román Domínguez

Dios le dio todo lo que necesitaba

Comienza aquí una sección que intenta recuperar mi melomanía megalomaniaca, intentaré con regularidad hablar de asuntos musicales y dar rienda suelta a esas canciones que uno tiene en la cabeza a veces sin saber por qué. Comenzamos con…
Los Stones se hicieron previsibles hace ya mucho, haciendo las cosas para sacar pasta exclusivamente, algo que no deja de desprestigiarles. Se han apuntado al formato: disco, gira, disco en directo, disco, gira, disco en directo, disco, gira, disco con temas extras o fotos alternativas, gira, disco con mas temas extras o remezclas dance, disco con dvd, reedición del disco que sacaron en septiembre, gira.... en fin.
Jagger-Richards firman su defunción definitiva como compositores de letras de rock con el impresionante single de Jagger en solitario "God Gave Me Everything I Want", que como tema rock no se ha visto hasta el momento superado por nada de lo que hayan compuesto juntos en las ultimas décadas.
A Jagger se le ha echado en cara muchas veces que prefiere ritmos y estilos diferentes a los que la banda tiene acostumbrada a sus fans, que confían ciegamente en que Richards ponga algo de cordura en todo eso y traiga el rock y el blues de nuevo al repertorio de discos estonianos. Lo cierto es que Jagger debe estar más que harto ya de un papel que hace mucho tiempo que no quiere seguir teniendo: “su satánica majestad”. Murieron ya las ilusiones narcóticas del ayer, la vida al límite y la vanidad recurrente en portadas de revista, a Jagger no le hacen falta los Stones para ser Jagger, así que un día a Mick se le hincha la vena y decide llamar a Lenny Kravitz para escribir a medias con él y producir un tema rock. El single del que iba a ser su disco en solitario “Godddess In The Doorway” es impresionante de principio a fin, unas voces potentes, guitarras eléctricas con el sello de Kravitz… incluso el video clip es bueno.
Con aquel movimiento Sir Michael demostró al mundo que no necesitaba a los Stones para sonar más roquero o para vender más discos y se presentó a las nuevas generaciones otra vez para captar seguidores que compren sus grabaciones, mientras tanto sigue ganando dinero con un proyecto llamado Rolling Stones que sirve para llenar estadio tras estadio en cada una de sus giras y tocar las mismas canciones que llevan haciendo treinta años, cosa que para una persona como Jagger no debe ser muy divertida.
En efecto, Dios le dio todo lo que necesitaba y supo aceptarlo y manejarlo a su antojo.

Mr. Blue

Monday, April 30, 2007

Dios me lo traía todo.

Dios me dio todo lo que necesitaba, me dio un cuerpo sano y una mente brillante, me dio pasión y amor repartidos por igual. Dios me dio fuerza y aguante, me dio ganas de aprender, me dio inteligencia, sabiduría y buena conversación; Dios me dio unos ojos lectores, ávidos de arte, me dio mundos que descubrir; me dio un pelo bonito, me dio unos labios para besar y unos ojos color tierra para mirar; Dios me dio cariño, comprensión y ternura; Dios me dio ganas de reir, de ser feliz y de compartir. Dios me dio un cuerpo atlético y bello con ganas de dar y de recibir amor; me dio una vida limpia y ordenada, me dio una maestra y una madre que me enseñaran, me dio una abuela que me consintiera y una madrina que me regalara. Dios me dio elegancia y modales, me dio sentimientos y ganas de vivir.
Dios me dio todo lo que necesitaba… pero aquel día estaba muy ocupado frente al espejo, mirando lo bien que me veía con aquella foto en la mano; no oí el timbre de la puerta y Dios se cansó de llamar. Dios me lo traía todo.
Narciso

Monday, April 23, 2007

Una tarde de jaripeo

Una tarde de domingo en el jaripeo, rodeo mejicano, en la ciudad de Houston, Texas. El rancho El Dorado albergaba el primero de la temporada y a las cuatro y media comenzaba el espectáculo, así que para hacer tiempo comimos tamales y un oaxaqueño en Doña Tere, y para beber un "jarritos" de mandarina (una especie de Mirinda) y un champurrado, una mezcla de chocolate, canela y harina.
El aparcamiento de El Dorado era descomunal, todos los coches eran trocas (pick up trucks), TODOS, aparcados en batería, lastima de una buena foto, a los mejicanos les gustan los coches grandes, cuanto más grandes mejor, y las trocas en particular les vuelven locos, aquello parecía una concentración.
El precio ofrecía actuación musical, monta de quince toros, rifas... el ambiente era familiar, veías entrar a estirpes vestidas de rancheros y llamaba la atención el hecho de que niños de muy corta edad ya llevaban sus botitas, sus hebillas y sus sombreros de vaquero. Irremediablemente unidas a esta fiesta vienen la comida y la cerveza, esta ultima vendida en cubos de plástico llenos de hielo, mucha cerveza, demasiada quizás, que iba y venia por las gradas.
El jaripeo comienza con un reparto de dulces entre los niños en el medio de la plaza, después una monta de un pony a medio domar para ver que niño se lleva la bicicleta o la tarjeta regalo de veinticinco dólares, unas cuantas risas, el segundo participante es más grande que el propio pony y el primero se levantó de forma muy digna después de un buen revolcón. Cada uno consigue su premio todos están felices, el presentador comienza a decir los nombres de los jinetes que van a participar, unos quince en total, también salen los jinetes a caballo que se van a encargar de echarle el lazo al toro si hay problemas. Todos se reúnen en el centro, se quitan sus sombreros y rezan una oración a Dios rodilla en tierra, una de esas cosas inventadas para jugar con el ánimo y las esperanzas de los espectadores: "Señor, nosotros los jinetes no te pedimos favores especiales, solamente nos des valor y destreza para realizar nuestras montas en cada uno de los jaripeos donde arriesgamos la vida. Señor, tu que fuiste jinete del Apocalipsis en esta vida, vida que quieres que vivamos, con el único fin de ganarnos el pan de cada día y divertir a tus hijos, queremos pedirte humildemente que llegando el último e inevitable gran jaripeo para nosotros y cuando las piernas con todo y espuelas se aflojen y cuando nuestros brazos no soporten el chicoteo del último reparo y tú señor nos llames allá contigo, donde todas las tardes serán de triunfo y gloria para nosotros, nos digas: ¡dale puertas, fuera capas! Vengan mis cabezales valientes, tu monta la he dado por buena."
Todos los participantes, ganaderos y jinetes a caballo dan una vuelta a la plaza saludando al público, la banda hace sonar sus bandoneones, los jinetes se retiran, la banda sigue tocando música norteña y los caballos empiezan a bailar a su son, la plaza se va llenando y el día se pone algo frío, los niños se animan y se hacen más ruidosos, el hambre empieza a apretar y la gente pide nachos, chicharrón (piel de cerdo cocida con repollo, pimentón y tomate sobre una especie de oblea muy ancha), vasos de fruta, churros, “chetos”... corre la cerveza y los ayudantes siguen atando unas cuerdas alrededor del toro para que el jinete se pueda agarrar a él. Llega la primera rifa, el seis de espadas da un vale de cien dólares a un espectador que, claro esta, no era yo. Un perro estaba dando vueltas por la plaza, acostumbrado ya al jaleo del gentío, sus patas de atrás no eran ágiles, quizá por accidente, quizá por la edad.
La banda ameniza la espera con canciones de esas en las que alguien se lamenta por haber sido malo con la mujer a la que amaba y porque ya no la puede recuperar, se lamenta porque la mujer a la que amaba se marcho con alguien de mejor posición social, o se lamenta por tener que huir de la policía con el maletero cargado de algo… a veces desearía no tener esa fijación musical que tengo, la cosa es lamentarse, es que no hay otra...


Llega el turno del primer montador y se torna en algo decepcionante, el toro es muy pequeño y apenas se queja de tener a alguien en su lomo, por lo que sus espasmos, saltos y bramidos son casi nulos, aunque por suerte, después nos resarciríamos.
Los jinetes a caballo juegan con sus lazos y las monturas siguen bailando la música que toca la banda, esto sirve para que la gente no se aburra en el intervalo de unos cuatro minutos en los que los ayudantes atan la cuerda alrededor del animal, realmente la monta no suele durar más de cinco o seis segundos pero cuando ese tiempo se alarga el jinete es considerado héroe por la plebe cuyos ánimos y vítores se encienden al mismo ritmo que sus hígados con la cerveza. Y siguen saliendo toros, y parece que Dios escuchó la oración porque no hay ningún herido, los que se caen se incorporan rápidamente sacudiéndose el polvo. Hay más rifas, ahora tocan boletos para el siguiente jaripeo; otra vez los niños montan el pony, un chiquitín de no más de cuatro años, hijo de uno de los jinetes levanta la ovación del publico por su estilo y su aguante, lo lleva en la sangre, claro, se levanta lleno de polvo y algo dolorido, pero se coloca el sombrero como si nada y sigue caminando.
Con la cerveza a la mitad me acerco a comprar un chicharrón, justo en la zona de comidas que está debajo de una de las gradas un caballo se desboca y causa el pánico entre la gente que estaba por allí sentada, las herraduras hacen chispas en el suelo, el caballo resbala y choca de costado contra el escenario de los músicos que van a amenizar el baile una vez todo termine, por suerte no hay heridos, el caballo pinto pasó a mi lado como un huracán, el mocerío empezó a gritarle y claro, el équido se asustó aún más.
Siguen saliendo toros, siguen montando jinetes, siguen mis ojos fijándose en todo lo que puedo, intento sacar fotos con la cámara de Tania que come el chicharrón y disfruta de su sabor “chiloso”, el tiempo se hace mas frío, los caballos bailan y la gente sigue tomando y tomando. La espera se hace larga a pesar de que ameniza la banda, los jinetes ya no se esconden para tomar la cerveza… la plaza está ya llena de muchachos con sobreros con el ala muy doblada y con insignias de metal que ponen el nombre de su lugar de origen en Méjico, los cubos de cerveza siguen pasando, yo me termino el chicharrón al que le he acabado cogiendo el gustillo, se termina mi cerveza y llega la hora de marcharse, nos queda un rato de camino a casa, es domingo, una domenica un pò triste, así que nos perdemos el baile que queda pendiente para el próximo jaripeo, volví con la frente marchita y con ganas de que hubiera durado más, pero era domingo, una domenica un pò triste, el lunes ya dejaba asomar su lomo blanco entre las olas y resoplaba con sus ojos inyectados en sangre.


Mr. Blue Pachuco

http://picasaweb.google.com/deputydude/TardeDeJaripeoEnHouston220407

Sunday, April 15, 2007

Semana Santa, 2007

1ª estación: Jesús sentenciado a muerte
Apartamentos Sterling Point, cuatro de abril de 2007, once y veinte minutos de la noche. “Tenga cuidado, papi, llámeme cuando llegue a la camioneta, esta zona es bien peligrosa”.

Conduje desde la calle Dunlap hasta la Yorktown escuchando “Cosmic girl” de Jamiroquai, (sí, sí Rotten, Jamiroquai…)
Al llegar a casa me encontré con Torcuato observando noticias en internet, llevábamos unos días que por mil motivos apenas hablábamos, llegué a pensar que se iría por su cuenta o acompañado de otra persona.
El plan original de visitar las cuevas y los restos de dinosaurios de Glen Rose no parecía convencernos mucho, me habló de Amarillo, pensé en Lubbock, pueblo natal de Buddy Holly y en el Cadillac Ranch de Stanley Marsh III… Tenía una nube en la cabeza pero acepté y reservamos el coche a las doce menos veinticinco de la noche. Tendríamos que salir de la escuela e ir lanzados a por él, pero las cosas son así cuando viajamos, todo última hora.

2ª estación: Jesús cargado con la cruz
Cinco de abril de 2007, el día fue de locos en la escuela elemental Benavidez, tuve que hacer una corrección en grupo de un examen de prueba que había suspendido el ochenta por ciento de los niños por no querer leer ni subrayar las partes importantes de los enunciados de los problemas y no usar las estrategias en las que llevamos meses trabajando, y por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Descargué toda la tensión, me salieron sapos y culebras de la boca pero cumplí el objetivo, lo que no sabía era el agotamiento al que estaba llegando. Al acabar las tutorías me encuentro de bruces con María Martínez, compañera de curso que me pedía que le firmara unos exámenes que tenía que haber revisado yo y rubricado hacía más de una semana. “Lo de todo a última hora pasa también en Perú… otra herencia española” pensé, firmé a todo trapo, recogí a Quinín en la urbanización y nos fuimos al Thrifty de la 610 con Richmond a recoger el Dodge Caliber. El gallego había tenido un día de perros, con sólo ver su cara uno se hacía a la idea, además seguía en “arresto domiciliario” y no podría venirse con nosotros como en algún momento de felicidad etílica habíamos convenido.
En la casa de alquiler de coches no tenían el que habíamos reservado, me ofrecían un Jeep Commander que bebía más que Oliver Reed, Torcuato no me respondía al teléfono y cuando por fin lo hizo me confirmó que no podía acercarse a firmar los papeles para ser segundo conductor. Volvimos a casa, Quinín conduciendo mi Chevrolet y yo con una Dodge Grand Caravan, nos despedimos sabiendo que no nos veríamos hasta el lunes a pesar de las esperanzas de que se pudiera apuntar a última hora. Torcuato tardó un siglo en llegar, cosa que agradecí porque fui terminando cosas y mentalizándome de que iba a ser un viaje apresurado pero bueno. Por fin llegó, hablamos un rato, dimos el último vistazo al mapa, cargamos el coche y nos dirigimos al aeropuerto a intentar cambiar de coche y añadir su nombre a los papeles para que pudiera conducir sin riesgos a multazos. Así fue, nos acercamos y de camino le llaman por teléfono, qué puta cruz ¡Señor! Qué puta cruz… Por fin solucionamos todo y volvimos a la 45 norte, la canción número uno del disco de Gainsbourg Melody Nelson, fue banda sonora de esa noche, también “Extraño en la ciudad” de Burning, que nos dio pie a una conversación que a mí me quitó un cierto peso de encima, estados de ánimo y otros asuntos, acabamos cantando juntos la mejor canción del grupo madrileño que para mi desgracia va ir unida siempre a una imagen de una espada de fuego corta alas de fabricación alpujarreña, y que por como Torcuato se metía en la melodía tengo la sensación de que él también la asocia a algo. ¡Qué cruz!




Trescientas millas al volante me castigaron la espalda y el cuello, Tor tomó el relevo; conduciendo, pasamos al lado de un concesionario de John Deere muy cerca de Dallas, donde hacía un año y medio habíamos parado a hacer unas fotos, se cerraba un círculo, yo seguía en el mismo sitio, y los otros habían avanzado años luz. Ahí es donde debería estar, conduciendo un John Deere, nada va como un Deere… Nada.
3ª estación: Jesús cae, por primera vez, bajo el peso de la cruz
Seguían cayendo millas y horas, las dos pasaban lentas, estas autopistas de rectas de 70 kilómetros no te permiten conducir a más de 90 por hora, cosas raras pero comprensibles. Caí, me ganó el sueño y sólo desperté tras el segundo bandazo del coche, sobresaltado le pregunté al pilotazo que había pasado y me dijo, “nada, nada….” Se había hecho doscientas treinta millas más y justo cuando le iba a decir que paráramos a dormir en algún sitio, vimos un merendero de la autopista y allí nos detuvimos. No quise preguntar, él no dijo nada, pero Torcuato es demasiado buen piloto para que el coche se moviese así.
Tras unas tres horas de sueño al raso dentro del coche, me desperté; no sentía los brazos, era como si fuesen de mármol y tuve la brillante idea de arrancarlo y poner la calefacción, el panorama cambió por completo y la última hora de sueño fue cordial, muy cordial con mi estado anímico, caí con mi cruz encima.

Seis de abril de 2007
El amanecer me despertó, salí del coche y le di los buenos días al sol con una dosis de nicotina, y una blasfemia, joder… Empezamos la marcha de nuevo y paramos en un pueblo de 1907, Post, en el que desayunamos, aquella fue mi primera comida desde las 11.30 AM del día anterior. Tras aquello nos marchamos a Lubbock, uno de los intereses de mi viaje, el pueblo natal de Buddy Holly, un sitio con sabor, una emisora de radio AM que todavía pone música de los 50 y los 60 de forma ininterrumpida, un paseo con una estatua del músico y un museo dedicado a su memoria en el que no se podían sacar fotos y que exhibía todo tipo de objetos. Muchos me llamaron la atención, en especial dos: una chaqueta vaquera Levi’s que también compró en su día Keith Richards, y las gafas de Holly recuperadas del accidente y perdidas en una caja de cartón en una comisaría de policía durante años y años, impresionaba ese modelo de pasta negra de fabricación mejicana…





El frío era intenso, ya lo sabíamos, pero en Houston ya había puesto el aire acondicionado del coche algún día… y noté el cambio.
Nos esperaban los parques naturales, seguían cayendo las millas, Torcu me dio conversación, sabe lo que me gusta hablar de burning y me preguntó por varias cosas, volvimos a darle una oportunidad a “Atrapado en el amor” su disco del 82… Un gran disco a medias. Llegamos, primero nos acercamos a Caprock Canyon State Park, que me gustó pero que sería nada en comparación con lo que nos esperaba después. Unas fotos, una crucifixión en las alturas y a correr.

4ª estación: encuentro con la virgen
Dejamos el primer parque y nos marchamos a toda pastilla al segundo, el Palo Duro Canyon State Park, si llegábamos antes de las seis de la tarde la entrada era gratis. Allí estaba el motivo del viaje de Torcuato, el Lighthouse, yo no tenía ni puta idea pero despertaría de mi ignorancia natural al día siguiente. Recorrimos el parque, el segundo cañón más grande después del Grand Canyon. Tras una hora y media de nieve, frío y un cartel que ponía “Tramo de autopista adoptado por: club de motoristas cristianos” dimos con el lugar.
Las vistas eran impresionantes, tierra de color chilanga, monte bajo, nieve y frío. Llegamos muy tarde, preguntamos a unos chicos cuanto se tardaba en llegar al Lighthouse y nos dijeron que unas cinco horas ida y vuelta, demasiado tarde, estaba oscureciendo y yo no podía más, estaba hecho migas. Convencí fácilmente al trascendentalista de que no era el momento, frunció el ceño pero se dio cuenta irremediablemente de que tenía razón. Si embargo, algo me decía que la cosa no iba a quedar así.
Amarillo sólo estaba a veintiséis millas, llegamos en nada pero no teníamos mapa ni sabíamos donde ir, demasiadas horas sin comer, muchas sin dormir, mucho coche.... Llamamos a los hoteles y el que nos convenció por precio fue el “Cowboy Motel” en la calle Amarillo Boulevard. No os hablaré de aquella habitación, sólo decirles que saqué una foto a la bañera para que me crean. Cenamos en ella porque no dimos con ningún sitio decente donde comer, así que el Macdonalds otra vez nos llenó el cuerpo de bazofia, me acordé mucho de Dania esa noche y del viaje que nos habíamos hecho por Florida no hacía mucho.
Me acojonó un calefactor de gas que había, una estufa de pared que bajé todo lo que pude por miedo a una mala combustión, otra gran idea pero desperté tiritando, ya de día, y la volví a encender.

5ª estación: el Cirineo ayuda al Señor a llevar la cruz
Siete de abril de 2007,
Torcuato se levantó eufórico, algo planeaba, y eso me dio alas para moverme, empezar el día y desayunar con la cabeza bastante clara. El plan era ir a la oficina de información al turista y preguntar por todo lo que se pudiera ver en Amarillo y cercanías. Recogimos y nos marchamos, ya sabíamos donde estaba porque la vuelta nocturna por el pueblo el día anterior nos había hecho verla y admirar las luces de neón del cine Paramount.
6ª estación: la Verónica enjuga el rostro de Jesús
La que nos informó me dio ánimos, había una parte de la ruta 66 que se podía visitar y que la noche anterior no encontramos, nos habló de un museo en un pueblo cercano, Canyon, de un restaurante llamado Big Texan y de varias cosas más. Era nuestra tercera visita a la ruta, esta vez no fue gran cosa, algunas tiendas de antigüedades y restaurantes de época ya cerrados, hicimos fotos y algo se cocía, Torcuato quería hacerse el camino hasta el Lighthouse.


El Cadillac Ranch es una dehesa en la que podéis encontrar diez Cadillacs con el morro enterrado, empeiza con uno de 1949 y termina con otro de 1963. Nevaba mucho y hacía un frío tremendo, el paisaje era espectacular, las vacas pastando y los coches rodeados de los botes de pintura vacíos con los que la gente pintó sus cosas. La mecánica es increíble, los ejes de esos coches todavía funcionan, igual que sus frenos, despues de más de treinta años... aquello eran coches y no lo que hay ahora.

Torcuato hizo unas fotos magníficas, grandiosas de la fila de coches, la nieve cubrió las mangas de mi chaqueta y el ala del sombrero. Salimos por la puerta del rancho y nos fuimos a ver más cosas que estaban del otro lado de la autopista.

http://www.libertysoftware.be/cml/cadillacranch/ranch/crabtr.htm

7ª estación: segunda caída en el camino de la cruz
El día anterior había llamado a mis padres que estaban de vacaciones en Asturias patria querida, pero nadie contestó al teléfono. Llamé de nuevo y lo sabía, lo sabía… Mi tía María (la tía de mi padre) había muerto el día anterior a las siete de la mañana, aquella vieja de noventa años lo había hecho bien hasta el día en que murió cuando todos estaban de vacaciones y su familia, panda de hijos de puta, por fin, había ido a verla. Tuve la misma sensación de alivio que de tristeza, la pobre María debía haber muerto hacía cinco años cuando ya no se pudo valer por si misma y no podía cuidar de su hijo casi ciego y sordo y de su hija mayor con retraso mental. Mierda de vida.
8ª Jesús consuela a las hijas de Jerusalén
Llamé a la casa de la fallecida, hablé con mi primo Alfonso al que di el pésame después con Manuel, que fue todo para María, especialmente ella cuando dejó de valerse.
9ª estación: Jesús cae por tercera vez
Hablamos de idioteces y le dije lo que sentía la muerte de su madre, daba igual, todo daba igual. Nunca le había oído tan triste, nunca; había muerto su razón de vivir y yo me caí al suelo.
10ª estación: Jesús despojado de sus vestiduras
Dos grados bajo cero fuera del coche y nieve, le solté a Torcuato: “vámonos a hacer sendero hasta el Lighthouse” su cara cambió, sabía que la hernia me dejaba sin fuerzas y que no tengo pulmones pero fuimos y subimos, nieve, barro arcilloso hasta las orejas, aire… Dos horas de camino pero llegamos, ascendimos y vencimos. La naturaleza es algo que llena al granaíno, disfruté pero nada que ver con lo que él sintió. Nos enfrentamos a caminos de cabras, resbalones, manos cortadas por el frío, narices llenas de agua. Nos cubrió la nieve y el barro arcilloso, no llevábamos la ropa idónea para un viaje así, pero ya daba igual, todo daba igual, un sueño cumplido y una manera de penitencia, eso es lo que significó subirse al Lighthouse, Torcuato me paró los pies cuando quise rizar el rizo y subirme a la parte plana de una de las elevaciones del lugar, demasiada nieve y barro para hacer el gilipollas, demasiado riesgo a una caída que podía haber sido cojonuda.
Torcuato se sintió indio, un lugar de doscientos cincuenta millones años, cuando no existía Jesucristo, ni siquiera el concepto de dioses, Torcuato adoró el Lighthouse de la misma manera en que yo me encaro con Dios casi cada domingo en la Iglesia de Santa Ana. “nada como esto, ni el edificio Sears de Chicago ni nada de hormigón.” Torcuato S. Garzón.
11ª estación: Jesús clavado en la cruz
Nos marchamos de allí, la bajada fue mejor que la subida, pero yo ya respiraba mal, me dolía la espalda y las piernas, las agujetas se hundían como clavos y el frío seguía aumentando. Comida, nos habíamos ganado la comida y ¿dónde iba a ser? Sí, en el Big Texan.
El Big Texan es un restaurante y motel muy orientados al turismo, su hotel está hecho como si fuese uno de aquellos de películas del oeste. El restaurante está decorado con todo tipo de artilugios, cabezas de ciervo, búfalo, un oso disecado un cartel de la plaza de toros de linares y mil cosas más. La cena estaba amenizada por un trío que cantaba canciones de country a petición, casualidades, nos dieron la serenata con canciones tristes… Torcuato fotografiaba, y yo escuchaba aquellas letras mientras esperábamos nuestras cenas, lógicamente carne. Pedí un solomillo de cuatrocientos gramos, quien me conoce sabe que eso es lo que como de carne al mes y di cuenta de él.
El quid de aquel sitio es una especie de concurso, si te comes un filete de setenta y dos onzas (dos kilos) en menos de una hora la cena te sale gratis. Un chavalote se presentó a la historia, era gordo y alto, nuestro camarero, Derrin, que había vivido una temporada en Gandia nos dijo que le daba la impresión de que no lo conseguiría.
En la mesa de al lado, un viejo rezó antes de comer, y aquello me llamó la atención casi tanto como a Torcuato las camareras vestidas de vaqueras.
Acabé mi filete, parecía que me iba a dar una trombosis, me sentía como una culebra que acabara de engullir un huevo, pedimos un postre, un postre, que tardó en llegar la tira. A la fiesta de las setenta y dos onzas se unió un tipo de Phoenix que era un tirillas, el grandote se lo acabó, se comió el filete de dos kilos, la patata asada, el cóctel de gambas, la ensalada y el bollo de pan y al hijo de puta todavía le sobraron quince minutos. Entró en la lista de héroes que no pagaron, setenta y dos dólares de cena gratis. Un poco menos de salud pero setenta y dos dólares más en su bolsillo, que al final es lo que cuenta en una sociedad capitalista en la que como premio deberías dar golosinas a tus alumnos cuando hacen bien las cosas…. ¡qué cruz!

Cambiamos de hotel, la experiencia del Cowboy motel ya había sido demasiado y buscando buscando nos encontramos con el Motel 6, que nos pareció el Ritz. Antes de registrarnos nos llamó una compañera del colegio de primer curso, su fin de semana había terminado el viernes con un accidente que dejó su trocota (imaginaos el tamaño de su camioneta pick up) siniestro total, estaba muy baja de ánimos. Empecé a pensar en la fugacidad de todo esto, en mi tía María, en Samuel del grupo Despreciables que había muerto hacía unos días, en mil cosas más. “Cada día tenemos que celebrar que estamos vivos” Torcuato S. Garzón hablando por teléfono con Alicia Martínez.
Dejamos las cosas, nos quitamos el barro y nos marchamos a un club que nos recomendó Derrin, el camarero del Big Texan. El Graham Central Station, un lugar con varias pistas con música diferente, acabamos en la de ambiente hispano porque las chicas eran más bonitas y porque yo ya no escuchaba la música ni quería hablar. A las dos nos marchamos, cansados ya de no decidirnos a comprar nada en la lonja de aquella discoteca, nos perdimos para llegar al hotel (qué novedad...) Yo había comido demasiado, mi estómago no acababa de vencer a aquella comida pantagruélica.

Ocho de abril de 2007
12ª estación: Jesús muere en la cruz
Me levanté anímicamente muerto, era como si ya no pudiese ni parpadear ni tuviera ganas de nada, físicamente me dolían las piernas, el costado y las manos. Habíamos decidido dormir hasta más tarde porque el museo de Canyon abría a la una y en Amarillo ya no nos quedaba nada que ver, desayunamos, pasamos por el Walmart a comprar alguna que otra vianda y nos marchamos a sacar unas fotos al cine Paramount, justo cuando el fotógrafo estaba encuadrando llega una furgoneta de mantenimiento y se para al lado, Torcuato montó en cólera: “¡Vamos no me jodas! Si le preguntas a ese tío: ¿Tú para qué existes? Para joder, te diría...” Y la risa volvió a mi ser.
Salimos hacia Canyon y llegamos con una hora de antelación sin saber si quiera si el museo abría en Domingo de Resurrección, condujimos por el pueblo, sacamos fotos de una casa con un busto de Elvis muy kitsch en el jardín, de unos edificios antiguos y de una tienda retro, el tiempo no pasaba, nos dirigimos a una carretera menor y dimos con un cruce de caminos de postal, Torcuato retrató una parte y regresamos al pueblo. Sí, el museo estaba abierto y nos metimos en una máquina del tiempo de la que salimos varias horas después con la sensación de que habían pasado sólo unos minutos.
Todo estaba repartido haciendo una diferenciación impresionante entre biología (la vida), la sociología (relaciones vitales) y tecnología (formas de hacer la vida más sencilla). Historia india, armas, agricultura, automoción, industria petrolífera, naturaleza, fósiles, un pueblo de 1900… Impresionante, mereció la pena, y no nos acordamos de las doce horas de coche que nos quedaban, paseamos, leímos, fotografió…
Http://www.panhandleplains.org/

13ª estación: Jesús en brazos de su madre
Comimos en McDonalds muy cerca del museo, un bocadillo horrible de pescado frito, y me acordé de los guisos de mi abuela, de los de mi madre y de otras personas que acaban haciendo de madre de uno mismo de distintas formas… Aquel era el día de mi verdugo, treinta y cuatro abriles…
Carretera y manta de calefacción para calentarnos, millas y millas, dos horas con Burning en el lector (sí, otra vez…), Torcuato dormía. En la 84E paramos a ver un restaurante de carretera llamado “Jesse Jane’s”, hacía muuuucho frío y nos tocaban otras diez horas, mínimo, de autopista.
De camino vi varios anuncios en carteles de carretera con mensajes religiosos: “¿Teoría del Big Bang? Debes estar de coña. Dios” y otro: “Si tienes que maldecir usa tu propio nombre. Dios”. Dimos un cambio musical al viaje y Torcuato me pidió que pusiera el disco de buena vista social club, llegaron los recuerdos de Cuba y una conversación muy divertida por teléfono, notaba una cierta vuelta a la vida de camino a casa, Torcuato se partía de risa con mis juegos de palabras y picardías… Mantenía la atención todo lo que podía, miraba a las líneas de la carretera y a los otros coches de forma continua, hacía frío, tenía sueño y notaba la paliza de subir al Lighthouse. Nos dieron las doce de la noche a cinco horas de Houston.

Madrugada del nueve de abril de 2007, gracias Torcuato, otra vez. Gracias
14ª estación: el cadáver de Jesús puesto en el sepulcro
Las cuatro de la mañana, eran las cuatro cuando llegamos a los límites de la ciudad de Houston, y eran las 4.40 cuando entramos en casa, dejé todo como estaba y me metí en la cama, muerto, muerto de cansancio, la cama estaba fría y vacía como una piedra.

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame y mándame ir a ti, para que con tus Santos te alabe, por los siglos de los siglos.
Amén.
Por la señal, de la Santa Cruz de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Escúchame, hijo de Puta…, escúchame


Mr. Blue Pachuco

Tuesday, April 03, 2007

A pistol for Paddy Garcia

El día de San Patricio se ha hecho ya una fiesta global mundial universal, da igual el lugar el mundo en el que estés, o te encuentras con un irlandés o das con alguien que dice tener sangre irlandesa, todo el mundo quiere ser irlandés, no lo dudes, si no me crees vuelve a ver lo que dice Morgan Freeman al principio de Million Dollar Baby.
Nunca he encontrado en el camino a alguien que haya vivido en Irlanda y hable mal de ese país, los irlandeses son todos gente maravillosa, verdaderos samaritanos, todos buenos, nobles y leales. Irlanda es el país favorito de cualquier persona que haya vivido en él, Dublín es la capital mundial del bienestar, de la felicidad completa… Ay... República de Irlanda, Eire,
Paddyland…
Desde siempre los irlandeses han sido, son, y pronto dejarán de ser emigrante
s, el principal motivo de éxodo fue el llamado hambre de la patata de 1845 al 1849 un potente motor de inmigración porque no hay nada peor que un estómago sin nada, bueno quizá un corazón vacío, o quizá ambos. El caso es que los destinos preferidos, determinados por el idioma, fueron sobre todo Australia, Estados Unidos y Gran Bretaña. En este último país hasta hace relativamente poco a los paddies se les llamaba “los negros de Europa”, los irlandeses hacían cualquier tipo de trabajo que se les pidiera, eran luchadores y sufridores natos.
A donde fuera que emigraran con ellos se iba la festividad nacional, St. Patrick’s Day, resumida de forma muy básica como sigue: cerveza, canciones tradicionales, baile y comida; que para nuestra desgracia se han convertido en cerveza con colorante verde y mal servida por las prisas, canciones de cualquier tipo (sobre todo de estilo “celta”) y comida rápida. A eso hay que sumarle los cientos de gilipollas con gorros de color verde, camisetas que dicen: “Kiss me, I´m Irish” y discursos del tipo: “Know what? My great grandfather was Irish, dude…” y para más inri a veces el que te lo dice es de un color que te hace sospechar de que algo no cuadra bien, porque ni siquiera su lengua logra ponerse verde.
Todos queremos ser irlandeses, todos.
Sin embargo esa visión de bondad no siempre fue así, los irlandeses emigrantes solían provenir de zonas paupérrimas, cuidaban poco la higiene personal, hablaban con un acento casi incomprensible, la tasa de analfabetismo era alta, eran ultra católicos, con familias muy numerosas, con un extenso nivel de alcoholismo y por ende malos tratos… incluso tenían fama de sodomitas. Hay un término de jerga británica antigua que se refería a esa curiosa afición: “the Irish job" denominado así porque era la única forma de contracepción de la que disponían y sobre la que la Iglesia obviaba cualquier comentario, por lo que no estaba explícitamente prohibida.
Los irlandeses no eran bien aceptados, el famoso cartel “no Irish need apply” cuando se solicitaba un empleado en algún comercio es un ejemplo más de que los patrones tampoco confiaban en las maneras de los rudos inmigrantes. Todo aquel ambiente de recelo general les llevó a formar guetos en los que vivían y a defender su nacionalidad, lo que hizo que nunca se perdiera el orgullo de ser nacido en Irlanda ni que el día nacional del país dejase de celebrarse por
todo lo alto, algo que se mantuvo en el tiempo.
Poco a poco los paddies se fueron mezclando con otras culturas, la fiesta se abrió a todo el mundo y ahora no es raro encontrar un cartel en la puerta de un bar de Navalcarnero que diga “ven a celebrar el día de San Patricio con nosotros”, la fiesta está totalmente adaptada. El trébol con el que el Santo explicó el misterio de la trilogía católica para convertir a los habitantes celtas de la isla se ha convertido en uno de cuatro hojas que cuelga en ristras de todos los lados; el duende con bombín que corre entre tréboles con un arco iris a su espalda y una olla de monedas de oro en las cercanías, es ahora algo que se reconoce por una marca de cereales de desayuno… la cerveza negra por excelencia ya se puede mamar de una botella sin necesidad de esperar al tiempo de reposado… ya saben clichés de un país, igual que el símbolo de Osborne, la flamenca y el toro banderilleado encima de la tele… pero lo irlandés mola más, por eso no hay unos cereales de desayuno que se llamen Flamenca y Toro, pero sí hay unos que se llaman “Lucky Charms”.
Hubo una figura que ayudó inmensamente a la aceptación general del legado irlandés en el mundo, y no me refiero a James Joyce cuyo Ulises hace de peralte en muchas curvas de scalextric en todo el mundo, y tampoco al cantante Bono, sino a John Fitzgerald Kennedy a pesar de que fuera al sexo lo que Eisenhower al desarrollo del golf, aunque esa es ya otra historia... JFK abrió un camino de respeto y reconocimeinto para la masa irlandesa.
Durante años mi irlandés favorito fue Shane McGowan hasta que en 1998 conocí a Francis Peter Duffy en la fábrica en la que empecé a trabajar el día de San Valentín de aquel año 98 en Brighton, Reino Unido.
Frank tenía 62 años y cáncer de próstata, me pareció un tipo extraño y me costaba horrores entenderlo. Como trabajábamos en la misma mesa empezamos a conversar y a compartir, y pronto a compadrear pintas en los pubs que Frank frecuentaba. Supe de su vida, alocada y llena de pérdidas de todas las oportunidades que se le ofrecieron. Trabajó en la fábrica de Guinness de Dublín, de vigilante en el Museo Británico de Londres… pero fue perdiendo una a una todas las que se le presentaban por no tener las ideas claras. Con 62 y cáncer tenía que trabajar porque no tenía jubilación pero sí tenía que vivir; cuando lo conocí, Frank acababa de perder un trabajo “mejor” en una fábrica de montar bolígrafos, lo contaba con mucha resignación el hombre.
Pronto el vigilar que Frank no bebiera demasiado cuando salíamos después de la cena se convirtió en llegar a casa torciendo un pié y sin ser capaz de hablar muy claro; una de aquellas noches me contó que en Londres, en medio de una mala racha tuvo que ponerse a mendigar en la calle. Una vez se acercó a pedirle limosna a una pareja que acababa de salir de un teatro, elegantes ellos; cuando les habló, la mujer se tapó la boca con un pañuelo y girándose murmuró:
“Oh God! He is Irish.”
Frank salió adelante en su vida laboral, consiguió vencer al cáncer pero no logró convencer a su novia irlandesa, Kathy, de que viviese con él, a pesar de que se fue a vivir de Londres a Brighton por ella, y aquello significara otra oportunidad laboral perdida de la que ella no fue consciente, cuando Frank ya era demasiado mayor para tomar riesgos de esa envergadura.
Yo me tuve que marchar de Inglaterra y mantuvimos el contacto por email (Frank se compró un portátil de tercera mano sin saber nada de informática) y cada vez que volvía a Brighton le llamaba para compartir de nuevo conversación y bebida. Hace unos meses perdí la agenda de teléfonos, más tarde empezaron a devolverme los emails que le envío con el mensaje de que su buzón está lleno y con la racha que llevo esto ya me trae a mal vivir también.
A diferencia del resto del mundo yo no conozco a todos los irlandeses, lo único que puedo decir es que Francis Peter Duffy es un tipo excelente y es dublinés, simpático, bailón, ligón, estiloso, boxeador amateur en sus tiempos… y va a los sitios en bicicleta, desde la que ha acabado besando el suelo tras unas pintas de más en varias ocasiones.
Un día le hablé de los Pogues y de Shane Macgowan, los conocía de oídas y le pregunté que era aquella frase que aparecía en todos sus vinilos “Pogue Mahone”, Frank empezó a partirse de risa y dijo que aquello en gaélico significaba “bésame el culo”.
Como me decías siempre, Francesco, la penúltima va en tu honor, one more for the road.
Carlos Rodríguez Duque